«Mi ilusión es vivir el día a día. A la política no volveré jamás»

AROUSA

Queco Fresco es sinónimo de balonmano, y no solo en O Grove. Pero sus inquietudes van mas allá del deporte

16 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Tan a gusto se siente Queco Fresco en su casa que no tiene ni timbre para que no le molesten. «Quien quiera verme que me llame por teléfono», comenta. O, si no, su perro Lucas, un precioso mastín leonés, siempre puede ladrar para ponerle sobre aviso de que alguien está en la puerta de su acogedora casa con jardín situada en Campos (O Grove). Allí vive con su hija María -su hijo mayor está en Madrid- y allí recibe a sus amigos. La casa de Queco tiene «bodeguilla» en el sótano y bien provista. Un lugar que ha sido testigo de un sinfín de conversaciones; sobre balonmano muchas, pero también sobre política... y sobre la vida en general.

El balonmano ha estado y sigue estando muy presente en la vida de Queco pero a la política «no volveré jamás». Desde 1999 a 2003 fue concejal en la corporación por Independientes de O Grove formando grupo con Katelo y Chesqui. Tan «desilusionado» se quedó con aquella experiencia que ya ni siquiera es militante de base. «Ahora la política la sigo como un ciudadano más». Varios partidos lo pretendieron para concurrir bajo sus siglas y «siempre que pude colaboré con todos», pero la política, dice, es ya agua pasada.

Sus esfuerzos e ilusiones están puestos en el balonmano porque el deporte, aunque no siempre ha sido un camino fácil, no le defraudó. Hablar de balonmano en O Grove es hablar de Queco Fresco. En los años setenta fue uno de los fundadores del primer equipo de balonmano, el Zeus, que dio paso después al Rasoeiro. En este club Queco lo hizo todo; fue jugador, entrenador y presidente y a él está ligado desde hace treinta años. Hace tres que dejó de entrenar «porque no podía con todo», pero reconoce que ya le empieza a picar de nuevo el gusanillo de la competición. De todos modos no tiene tiempo a aburrirse. Actualmente está metido en varios proyectos que le ocupan el tiempo libre que le deja su trabajo al frente del negocio familiar de telefonía y electricidad del automóvil. Este será el tercer año que organiza el Campus Juan de Dios Román, por el que han pasado entrenadores y jugadores de la élite internacional. No es un nombre cualquiera. El padrino de esta iniciativa es el referente del balonmano en España -ex seleccionador nacional y actualmente presidente de la Federación Española de Balonmano- a quien conoció en 1984 y con el que ha trabado una gran amistad. Queco ya tenía experiencia en campus. Con Maricarmen Cacabelos surgió la idea hace 16 años de organizar una actividad para los chavales relacionada con el balonmano y así nació el campus Rasoeiro-Érguete, que se celebra en A Lanzada.

Hoy recuerda con algo de nostalgia aquella oportunidad que dejó escapar para entrenar la selección gallega de cadetes «pero tenía que abandonar el trabajo y a mí me da de comer mi empresa», explica. A la selección gallega sí llegó su hija que, como su padre, parece que lleva el balonmano en los genes.

Pese a los importantes proyectos que tiene entre manos, a Queco Fresco lo que más le motiva, hoy por hoy, es el «equipo de madres». Esto es, un grupo de veinte mujeres vecinas del municipio que un buen día le propusieron entrenar para conocer el deporte de sus hijos y que cada semana acuden al pabellón del Conmeniño a aprender a tirar a portería. Y así nació Rasunais. «Es un proyecto pionero en Galicia y creo que hasta en España con el que estoy disfrutando del balonmano más que nunca». Y tal es el entusiasmo de estas mujeres que están buscando ya la manera de organizar alguna competición, no oficial, por supuestos.

¿Y dónde queda la literatura? Queco Fresco ya apenas escribe, pero en su juventud era tal su inquietud en este terreno que llegó a plasmarlo en un libro de poesía: Escarbando bajo las horas brujas . Su única posibilidad de publicarlo era traduciéndolo al gallego y consideró que era mejor dejarlo en español y en manuscrito, al alcance solo de sus amigos. Lo que más le gusta es la poesía pero en su etapa de estudiante en Madrid tampoco hacía ascos al teatro. Pero todo aquello le queda ya muy lejano. «Últimamente me cuesta mucho escribir». Su prioridad ahora es «vivir el día a día, lo más futurista para mí es el mañana».

Dice que su objetivo es encontrar «la paz interior», que se conforma «con poca cosa» y con saborear al máximo, por ejemplo, el viaje que acaba de hacer a la sierra de Guadalajara. «Fue estupendo», comenta satisfecho.