La nauseabunda práctica de esparcir todo tipo de desechos en cualquier pista que permita un mínimo acceso motorizado al monte es, por desgracia, una de las asignaturas pendientes que Xiabre suspende año tras año. En cuestión de días, después de los devastadores incendios que arrasaron la cumbre arousana, en agosto del 2006, lomas y descampados aparecieron cubiertos de escombros y neumáticos. Este penoso ejemplo es el que el Concello de Vilagarcía está tratando de erradicar. Desde hace semanas, el departamento municipal de Medio Ambiente peina toda la zona para detectar los puntos de vertido de basuras existentes a fin de eliminarlos.
La intención del Ayuntamiento es disponer de la colaboración de las comunidades de montes que operan en el Xiabre. El responsable de Xestión do Territorio, Marcelino Abuín, explica que Vilagarcía tiene ahora la oportunidad de aprovechar el movimiento de tierras generado por intervenciones como el nuevo trazado ferroviario para sellar y regenerar áreas degradadas. Es el caso, sin ir más lejos, de las canteras que carecen de actividad y han sido abandonadas, quedando expuestas a la actuación de cualquier indeseable gorrino con un lote de desperdicios de los que deshacerse.
Muy cerca del embalse
Un espacio de estas características se encuentra a escasa distancia del embalse de Castroagudín, uno de los parajes naturales de mayor belleza de cuantos ofrece el Xiabre. Hace años que nadie trabaja la cantera, que no obstante muestra los restos de la actividad que allí se desarrolló tiempo atrás. Una estructura metálica conserva todavía en su interior algunos bidones de combustible.
Pero el problema no está en el armazón donde antiguamente se almacenaban gasóleos y aceites. A solo unos metros, apenas disimulado por cuatro matorrales, crece el volumen de desechos de todo tipo que ciertos espabilados abandonan en este lugar, aprovechando la vieja pista que permitía la circulación de camiones hacia la cantera. Allí hay de todo. Sorprende la variedad de colchones y el notable surtido de desechos procedentes de una cierta actividad constructiva, que incluyen unos escalones de lo que parece ser piedra. El ajuar se completa con sillones desfondados, recipientes de plástico, bidones y un monitor de televisión. No faltan, por último, neumáticos, vidrios y restos de taller.