Vilagarcía de Arousa, y por extensión Galicia, tiene una embajada no oficial en Sao Paulo, Brasil. Es no oficial porque nace de un proyecto sin ánimo de lucro planteado por un grupo de empresarios no dependientes de las administraciones públicas. Hace cerca de dos años Jesús Caneda, recién jubilado de su faceta docente, hizo las maletas para afincarse en el Gran Sao Paulo, allí donde viven cerca de veinte millones de personas y donde la crisis que conocemos aquí no se repite en las mismas magnitudes. En aquella «jungla» por explorar, encontró una opción de futuro a la que no dudó en ponerle la bandera de su tierra. Caneda es actualmente el presidente de la Asociación de Empresarios Gallegos en Sao Paulo (AEGASP). La conforman cerca de cuarenta asociados y le dan vida un grupo de unas quince personas empeñadas en que fertilicen las relaciones a varias bandas entre empresas de cualquier parte del mundo. El objetivo, como él mismo indica, es mirar siempre a su tierra natal, aunque quitándose la venda de los ojos, como marca el propio mercado: «Galicia es el objetivo prioritario pero no el único», advierte el presidente de AEGASP. El que fue durante años profesor de Comercio internacional en el Armando Cotarelo, decidió exportar sus conocimientos teóricos más allá de las fronteras naturales de Galicia. Su visión económica y empresarial aplicada al asociacionismo, del que se confiesa «totalmente a favor», le han empujado a cubrir una carencia de esta tierra alén de los mares. Asegura que los catalanes y los vascos han cogido una enorme ventaja con respecto a las inversiones y transacciones gallegas, dado que «en Cataluña y el País Vasco están jugando todos juntos: la Administración, las asociaciones y las empresas, mientras en Galicia eso no ocurre». De hecho, la perspectiva que le ha dado afincarse en Brasil, le lleva a apuntar que aquí, «el espíritu de conquista y de conolización aún no se ha perdido» y confiesa que ha tenido que lidiar con el rechazo generalizado de los brasileños, que se aferran a proyectos precedentes que resultaron fallidos
A pesar de que la idea de reunir a empresarios de diferentes nacionalidades que quieran tener en cuenta a Galicia a la hora de invertir parece interesante, Jesús Caneda tiene claro que el mercado y las oportunidades evolucionan más rápido que los edictos administrativos. Sobre el papel que está jugando actualmente la Xunta de Galicia, detalla varios problemas a subsanar. El primero de ellos, es que entiende que «solo por Internet no se consigue nada. Hay que personarse en el terreno», al tiempo que denuncia que las campañas de márketing «son buenas para el conocimiento pero no para la práctica», por entenderse insuficientes. Además, el proyecto que maneja habla de trabajar, de tú a tú, con el gobierno regional, pero no como hasta ahora, mediante acciones puntuales de alguna Consellería. Caneda entiende que a la hora de abrirse hacia Brasil y otros países de América Latina, «debería ser la Xunta en bloque la que se sentase a la mesa ya que hay infinidad de sectores en los que operar». Si por él fuese, mantendría al Igape como referente -ya que se sienten «satisfechos»- aunque entiende que «el marco en el que se mueve es muy anticuado». Así, el dibujo final de ese órgano rector hablaría de que «la Consellería de Economía puede seguir siendo presidenta o fiscalizadora del propio Igape pero todas las demás Consellerías deberán ser vocales y participar activamente en las decisiones».