Las órdenes dictadas por la alcaldía la semana pasada, al respecto de la utilización del radar móvil, se pusieron en práctica durante la noche del sábado al domingo. En lugar de la controvertida fórmula habitual hasta ahora, consistente en que un operario de servicios se hiciese cargo del vehículo cedido por la Jefatura de Tráfico de Pontevedra, en esta ocasión fueron cuatro agentes de la Policía Local y un operador quienes asumieron el servicio.
El radar se instaló en dos puntos calientes por lo que respecta a la seguridad vial en la capital arousana: las avenidas de Rubiáns y Vilanova. A lo largo de la madrugada, el control dio pie a varias denuncias por exceso de velocidad. Curiosamente, el 90% de las infracciones fueron cometidas por mujeres.
Los controles finalizaron hacia las cuatro de la mañana. Pero antes y después, la presencia del cuerpo municipal en la zona de movida se hizo notar, con un automóvil patrullando continuamente. Los dispositivos de seguridad del Concello recibieron apoyo por parte de la Policía Nacional, cuyos vehículos recorrían las principales calles del centro, así como desde la Guardia Civil de Tráfico, que también se dejó ver en Vilagarcía.