El Tango abre sus puertas de forma ininterrumpida entre el 21 de junio y el 21 de septiembre. Abre también los fines de semana desde Semana Santa hasta verano y, una vez pasados los meses fuertes, hasta la Festa do Marisco.
En todos esos meses, la familia Sisto no conoce el descanso. Doce personas trabajan en el restaurante. «Es un negocio familiar, así que los camareros libran, pero nosotros no».
Pero de esa esclavitud del verano se resarce la familia Sisto durante el invierno. Desde que montaron el restaurante en el año 1990, todos los otoños se repite el mismo ritual. El clan coge una autocaravana y la convierte en un hogar móvil con el que ha recorrido medio mundo. «Esas son nuestras casas», dice Gonzalo señalando en la pared las fotos de sus caravanas.
«Recorrimos toda Europa y parte de África. Ahora estamos, durante cuatro meses al año, recorriendo Sudamérica. Este año fuimos a Argentina», cuenta el patriarca de la familia. Durante muchos años, padres e hijos compartían estos viajes que han convertido ya en una filosofía de vida. Ahora, los chicos se han hecho mayores y viajan por su cuenta, pero no han dejado de hacerlo.
«Siempre les digo a mis hijos: 'Vivan'. Porque no es importante tener una casa de dos plantas, pero sí disfrutar de la vida y conocer otros mundos», dice, mientras atiende la carne, Gonzalo padre. Sin duda, un buen consejo.