La memoria histórica en Vilagarcía

AROUSA

Un movimiento ciudadano plantea eliminar el busto de Calvo Sotelo y el nombre de la calle Rey Daviña, ex alcalde y abuelo de la actual número 2 del PP, Teresa Rey

27 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Las posibilidades que abre la Ley de Memoria Histórica, aprobada por el Congreso de los Diputados en octubre del año pasado, están a punto de ser exploradas por un movimiento ciudadano nacido en Vilagarcía, Memoria Histórica Democrática, en una iniciativa que con toda seguridad traerá bajo el brazo una notable polvareda política. No en vano, uno de los objetivos que se propone el colectivo es conseguir que el Concello retire el nombre de Jacobo Rey Daviña -que ilustra la principal calle comercial del centro- del callejero de la ciudad.

El motivo central de esta reivindicación se encuentra en la carrera política que Rey Daviña desarrolló bajo el franquismo. Así, ocupó la presidencia de la Diputación de Pontevedra entre el 7 de octubre de 1938 y el 9 de agosto de 1939, finalizada ya la Guerra Civil. Transcurridos doce años desde su cese, fue designado alcalde de Vilagarcía, cargo que desempeñó entre 1951 y 1965. Fue, por lo tanto, uno de los regidores que más tiempo ostentó el bastón de mando, aunque no de forma democrática.

Se da la circunstancia de que una de sus nietas ocupa desde mayo un destacado puesto de representación en la corporación municipal. Teresa Rey , número 2 del Partido Popular, ha defendido en numerosas ocasiones la memoria de su abuelo, cuya estadía en la alcaldía ella misma califica como «quince anos de ética e boa xestión». Al margen de que la formación conservadora ha hecho de su oposición a la ley promulgada por el Gobierno uno de sus arietes de esta legislatura, parece claro que, siendo esto así, el PP rechazará de forma rotunda la idea de eliminar a Rey Daviña del callejero, en cuanto se plantee formalmente ante el Ayuntamiento.

La iniciativa se extiende al busto de José Calvo Sotelo que se levanta en los jardines del Doctor Fleming. En su caso hay pocas dudas con respecto a la reminiscencia franquista del símbolo, que presenta el nombre del político pontevedrés sobre la proclama «¡Presente!», con la que el llamado Movimiento Nacional recordaba a sus caídos a la mínima ocasión.

Calvo Sotelo, líder de la minoría monárquica Renovación Española y principal orador de la derecha española en el tramo final de la Segunda República, no vio el estallido de la Guerra Civil -fue asesinado el 13 de julio de 1936, cinco días antes del golpe fascista, en respuesta al asesinato previo del teniente de Asalto Castillo, miembro del Partido Socialista- pero sus proclamas jugaron un papel protagonista en la creación del ambiente que propició la sublevación militar.

Su intervención resultó decisiva para que el presidente de la República en el bienio cedista, Alcalá-Zamora , disolviese las Cortes y convocase las elecciones de febrero del 36. Alcalá-Zamora quería retrasar este momento y ganar tiempo para que el último Gobierno que nombró, dirigido por el gallego Manuel Portela Valladares, se consolidase como mayoría moderada antes de abrir unos comicios tan convulsos. Aun siendo consciente de que la izquierda ganaría en las urnas, Calvo Sotelo no sólo no lo permitió, se entrevistó, además, con Franco para tratar de convencerlo de que se alzase antes de las elecciones.

El político monárquico no consiguió mover al general ferrolano de sus trece. Pero sí obtuvo su acta de diputado por Ourense en una operación con tintes de pucherazo a costa del escaño que Alexandre Bóveda debería haber ocupado para el Partido Galeguista. En su impugnación, el PG constató que de 516 secciones electorales escrutadas, en 236, equivalentes al 47% del censo de la provincia, los comicios habían sido simulados. No hubo nada que hacer, puesto que el mismísimo Azaña claudicó ante las presiones de la derecha. Meses después, el propio Bóveda era asesinado por la maquinaria golpista puesta en marcha aquel fatal verano.