En el instituto Armando Cotarelo, como en otros muchos centros de la comarca, es habitual ver a los alumnos en las horas de recreo pasando el rato con el móvil en la mano. Por eso el equipo directivo se vio obligado a tomar medidas. «Se puede traer al centro, pero no lo pueden usar. Si hacen un mal uso de él se les retira y se les da a sus padres», explica su director.
Emilio González reconoce que, en caso de conflicto, importa la reacción de los progenitores. «Los hay que son conscientes del problema; una vez le quitamos el móvil a un alumno y su madre no vino a buscarlo hasta un mes y medio después, como castigo». Pero no siempre ocurre lo mismo; también se da la situación contraria. «En otra ocasión un padre se enfadó todo y dijo que la culpa era de quien vende los móviles». Hay padres que insisten en que sus hijos los lleven al centro y los tengan encendidos «para tenerlos controlados».
Los profesores saben que los alumnos hacen como que se pegan y se graban, pero hasta ahora, en la comarca, no se dieron casos realmente graves.
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