Los golpes son más duros cuando uno no se los espera. Y más, si se reciben de a quién más se ha defendido. El entrenador del Unión Grove, Serafín Neira, era ayer un hombre abatido tras una derrota, ante el Barbadás, que no se esperaba. No tanto por el resultado, 0-2, como por la pobre imagen ofrecida por sus hombres, a los que se dirigió públicamente con una crudeza inusitada.
Neira confesó sentirse «doído, case lastimado, e dalgunha maneira defraudado» con su plantilla, que el pasado domingo demostró en el Monte da Vila «unha total apatía e baixo rendemento». Sobre todo, los jugadores nacidos en O Grove, de los que esperaba y espera que más aporten al espíritu de entrega que quiere del equipo.
El técnico indicó que «eu non quero que os meus homes me resposten con resultados, tan só con traballo. Non estou disgustado polas derrotas anteriores. Nesas derrotas estou con eles. Na do Barbadás, non». Neira confía en que la experiencia sirva de aprendizaje.