«Todos os meus recordos son do bar El Imperial, alí botei case toda a vida»

A MARIÑA

Pelosky se entregó durante más de medio siglo al negocio familiar, uno de los locales con más solera de Viveiro

21 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Hay gente que aún añora las tapas de gato montés (sardinas), rodamientos (riñones), hidrógeno (hígado), cantalapiedra (costilletas), cozobellos (callos), fabiola (habas) o guiso de faisán (en realidad, guiso de pollo). Así bautizó José Manuel Fernández García (Viveiro, 1940) las tapas del café bar El Imperial. Hace cuatro años y medio que Pelosky, como es conocido por todos el hijo de José dos Pelos, dejó el negocio que había puesto en marcha su padre en 1944 y al que dedicó más de medio siglo.

«Acórdome que con sete ou oito anos para chegar á cafetera subíame ás caixas de madeira nas que viña o coñac», cuenta. Desde pequeño ayudó en el emblemático bar de la calle Pastor Díaz de Viveiro, junto a su hermana Salomé. Pelosky vivió, de la mano de su padre, «o bum da construcción de Alúmina», en el café, que durante aquellos años también servía comidas; y en el hotel Vivariense (José dos Pelos, originario de San Pedro de Mor, en Alfoz, se hizo con el traspaso en 1940 después de cerca de 20 años de trabajo en el hotel Venecia). Había tal demanda de alojamiento que llegaron incluso a alquilar habitaciones en una casa y en el hospedaje Casa José, ambos en la calle Pérez das Mariñas; en una vivienda de García Junceda y en otra de Baralla, en la parroquia de Galdo.

Sanatorio San José dos Pelos

Durante años, Pelosky pasó noches enteras del verano en los campos de las fiestas de Galdo, Chavín, Celeiro o Mañón, «no botiquín Sanatorio San José dos... e unha cara con moitos pelos», otra rama del negocio familiar. Cuando se jubiló el iniciador de la saga, a finales de la década de los 70 del siglo pasado, José Manuel tomó las riendas de El Imperial (todo lo demás había dejado ya de funcionar).

«E ata que o pechei, no 2005, porque ningún dos fillos se quixo quedar con el, traballei entre 18 e 20 horas ao día», comenta. Durante una época cerraba los domingos, salvo los de feria, «pero despois empezaron os partidos de fútbol televisados e xa se acabou». Eso sí, el mes de septiembre se lo reservaban él y su mujer, Rosa Pardo, maestra jubilada natural de Cedeira, para recorrer España en el coche familiar con sus cuatro hijos, tres niñas (Carmela, Salo y Gemma) y un niño (Ricardo), y la perrita, Taleta. Eran viajes culturales, por cuevas, museos y monumentos. «Comiamos ben, en restaurante, e despois faciamos unha merenda cea, nunha mesa que levabamos, con chourizo, queixo e xamón... Alí preparabamos o cola-cao e todo», evoca.

Los chicos saben bien lo que significaba trabajar en El Imperial, pues todos ellos echaban una mano los fines de semana y durante las vacaciones. El esfuerzo mereció la pena, los cuatro se formaron en la universidad, gracias al empeño propio y al esfuerzo de sus padres, como destaca Pelosky, orgulloso. Si algo les gustaría, tanto a él como a Rosa, «é ter máis netos». Desde que se retiró, acuciado por problemas de salud, se dedica a pasear -«ata A Insua, o porto de Celeiro ou Portochao, iso si, sempre en chao»- y a leer novelas de Pérez Galdós e Isabel Allende, entre otros autores.

Entre seguros y percebes

En la despedida preparó 22 kilos de percebes -«algún doado por Choco», precisa- para los habituales de El Imperial. El bar sirvió de sede, durante años, de la compañía de seguros Mediodía, que él representaba, «cunha carteira de clientes tremenda». Detrás del mostrador, Pelosky siempre tuvo claro que era el cliente el que mandaba. Pero si la discusión, casi siempre política, se acaloraba, salía de la barra y era uno más, echaba la partida de cartas o dominó e invitaba a una ronda como el resto.

Con la llegada de la democracia El Imperial se llenó de banderas de los distintos partidos, «ata unha ikurriña». Si de algo presume este socialista (ha formado parte de las listas en las municipales de Viveiro) es de haber congregado «a xente de todas as tendencias e de todos os partidos». Si las sabrosas tapas tenían nombres rimbombantes, en el bar de Pelosky también preparaban curiosos brebajes, como «a xarra de orgasmo», una mezcla de cerveza, cointreau, vodka y algún licor más que no recuerda. «Tamén puxen de moda as litronas, sorteábaas cunha copa de whisky dentro». A los jóvenes siempre les gustó El Imperial. Y a las parejas, sobre todo las noches del viernes y el sábado, con juergas que duraban hasta la madrugada.

Siempre con la cabeza alta

José Manuel está agradecido a la vida -«todos os meus recordos son do bar, alí a pasei, con moitos amigos de todas partes»- y, en especial, a su mujer, con quien espera festejar las bodas de oro (se casaron el 24 de mayo de 1970). Y a su padre, a quien asegura deber su posición, igual que su hermana Salomé. «Ensinoume moitas cousas, sobre todo a ser honrado e a non coller nunca o que non fora dun». Principios que él ha querido trasladar a sus vástagos: «Dicialles 'sede prudentes, honrados e ide sempre coa cabeza alta, non vendervos por nada'».