Piden 12 años de cárcel por estafa y apropiación para un ex bancario

La Voz

A MARIÑA

José María Rivera Lago, director de la sucursal de Banesto en Ferreira do Valadouro entre agosto de 1988 y septiembre del 2002, negó ayer ante el tribunal que lo juzga los delitos de estafa, apropiación indebida y falsedad en documento mercantil por los que está siendo juzgado en la Audiencia Provincial. El fiscal, que lo acusa de realizar múltiples operaciones irregulares, que supusieron un perjuicio patrimonial al menos a 58 clientes, entre ellos un tío suyo, pide doce años y seis meses de prisión. La petición de condena se completa con 12.240 euros de multa y una indemnización a Banesto por importe de 911.983 euros, cantidad que el banco devolvió a sus clientes.

Para la sesión de ayer estaban citados 51 testigos y nueve peritos. El propio José María Rivera, que negó en todo momento los cargos que le imputaban y que insistió en que firmó una carta autoinculpándose y renunciando al cargo de director, presionado por el inspector y el jefe de riesgos de zona, testificó durante casi hora y media. Explicó que en aquellos momentos se encontraba sumido en una profunda depresión, de la que estaba a tratamiento y por ese motivo firmó el documento, bajo la amenaza de que si no lo hacía, esa misma noche iba a dormir en la cárcel.

Riesgos explicados

Rivera no admitió que hubiera formalizado fondos de inversión a clientes que le daban su consentimiento al garantizarles, tanto verbalmente como por escrito, el capital y rentabilidades fijas. Ni uno ni las otras, según señala el fiscal en su escrito, estaban garantizadas realmente. El ex director de Banesto admitió que había formalizado fondos de inversión, pero insistió en que todas las personas a las que les realizó el trámite eran perfectamente conocedoras del riesgo que asumían.

El ex bancario tampoco admitió que se comprometiera a pagar a un nutrido grupo de clientes un interés de 2,5 puntos por encima de los que realmente abonaba el banco, con la finalidad de mantener las cuentas de estos clientes. Rivera admitió ante el tribunal que se había servido de la confianza que depositaron en el los vecinos de O Valadouro para hacerlos clientes de la entidad, «pero no para hacer nada en su contra», dijo.

Rivera Lago, que está acusado de estafar a un tío suyo que vive en Benidorm, admitió que gestionaba la cuenta de su tío según las instrucciones que recibía de él. Sin embargo no reconoció haber falsificado su firma en al menos ocho ocasiones. Intentó desviar la atención hacia una prima suya, que no mantiene buenas relaciones con su padre. También trató de derivar parte de la responsabilidad en otras operaciones hacia el interventor de la entidad.

Para una moto

El acusado justificó una petición de préstamo de otro cliente, a quien le enviaban las notificaciones al domicilio de Rivera, en que el titular del crédito, pese a que tenía ahorros, lo solicitó para pagar una moto y no quería que se enterara su familia de ello.