La crisis se hace notar en el sector hotelero y hostelero y en el mes de julio se ha constatado una tendencia negativa que se veía venir desde hace tiempo. Es una opinión generalizada entre los más de treinta empresarios del sector consultados, con negocios en Viveiro, Foz, Ribadeo, Burela, San Cibrao, Barreiros, O Valadouro, Mondoñedo y Cervo. Y es que si bien las valoraciones son dispares, lo cierto es que casi todos hablan de una recesión que en mayor o menor medida está afectando, como se preveía, al turismo.
Los hosteleros aseguran que, como es habitual todos los veranos, las condiciones meteorológicas y la inestabilidad del tiempo está influyendo, pero si cabe en menor medida. «La gente no viene engañada con respecto al tiempo, el problema más importante es el económico», manifiesta un empresario hotelero cervense.
Las familias son las que más se quejan del tiempo debido a que los niños quieren estar en la playa. Sin embargo, muchas parejas jóvenes y de edad avanzada que provienen de toda España llegan buscando el clima más moderado, lejos de las altas temperaturas del sur, que caracteriza a la costa cantábrica y en particular a la de Lugo.
Diferencias de apreciación
Muchos de los hoteles de mayor categoría -de tres y cuatro estrellas- están prácticamente al completo todo el verano. Otros que no lo son también llenan, pero en general la ocupación hotelera máxima fue de un ochenta por ciento durante el mes de julio. La mínima rondó el cuarenta por ciento. Las diferencias de apreciación son notables y si bien algunos de los negocios no se quejan demasiado de la crisis, los que si lo hacen corroboran que el sector está pasando por una fase muy mala. Eso se debe en gran medida a la dependencia en el resultado final del éxito o fracaso de la temporada estival.
Julio, flojo
Así las cosas, los hoteleros tienen todas sus esperanzas depositadas en agosto. Algunos afirman que ya tienen reservas y expectativas para estar al completo durante la primera quincena; otros esperan acercarse a los resultados obtenidos en años anteriores y, al menos, capear así la crisis.
También hay numerosos empresarios que se lamentan de la transición de julio a agosto, que califican como unas fechas pésimas para el sector.
No obstante, la primera quincena de agosto y las correspondientes fiestas de cada localidad son oportunidades clave para llenar.
En cuanto a julio, son muchos los que coinciden en que este año han tardado una semana más en alcanzar los niveles de ocupación del pasado verano. Pero, no cabe duda, de que el mes ha ido flojo para la mayoría. Y esa minoría a la que la crisis económica solo le ha rozado, también afirma haber notado que la gente pregunta más por los precios y acortan sus estancias.
«Los fines de semana tenemos más gente y en agosto esperamos lo mismo, pero se nota que hay menos reservas que el año pasado. Esa es la realidad, por mucho que se diga lo contrario», asegura una hostelera viveirense.