Viveiro volvió ayer a vestirse de época y retroceder cuatro siglos en el tiempo, concretamente al año de gracia de 1548. Desde la tarde de ayer recrea el ambiente que podía vivirse en un casco histórico de estas características, en los que el arte y el comercio se daban la mano, incluso en los lugares más recónditos.
Por la tarde arrancó la segunda edición del Mercado Renacentista que lleva el nombre del emperador que permitió que la vieja ciudad resurgiera de las cenizas del último incendio registrado en la época, como recordó el cronista oficial de Viveiro, Carlo Nuevo Cal, que encarnó una vez más a la regia figura.
Un desembarco simbólico en la playa de Covas, con lluvia incluida, y una comitiva «real» encabezada por el rey, su madre, la reina Juana la Local, los Sbandieratoris llegados desde la ciudad italiana de Florencia, y una larga compañía de caballeros, tambores, lanceros y hasta una catapulta de grandes dimensiones, tomó la ciudad entrando por la principal puerta de las desaparecidas murallas, la que lleva el nombre del emperador Carlos V y que fue erigida precisamente, en agradecimiento a los favores prestados por la Corona a la ciudad.
Todo el entramado de calles del casco bullía de actividad, sin embargo, desde horas antes, con la decoración de época y el montaje de los numerosos puestos que dan forma al mercado renacentista, y con las actividades paralelas que dan vida al ambiente de aquella época, desde los oficios, como herreros, perfumistas, artesanos del cuero, perfumistas, confiteros, pulpeiros entre otros muchas opciones. Un año más, la plaza Mayor será el corazón de la ciudad, pero el espectáculo está asegurado en cada una de las calles del casco histórico. Los juegos tradicionales para los niños se hacen en la plaza de A Fontenova, y en la sala múltiple del Concello estará la sorprendente exposición sobre instrumentos de tortura de la época que ya fue una atracción el año pasado.