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Las confesiones de la estrella del rock más sexy (el de la izquierda)

Lenny Kravitz

Las confesiones de la estrella del rock más sexy (el de la izquierda)

Kravitz con Mick Jagger en 2001, año en que grabaron juntos la canción 'God gave me everything'.

«Sé fiel a ti mismo». Esta frase cambió para siempre la vida de Lenny Kravitz. Se la dijo su exmujer, la actriz Lisa Bonet. Él le hizo caso y grabó un disco que lo convirtió en icono del 'rock' y en 'sex symbol'. Tenía 25 años. A los 56, publicó sus memorias. En ellas, como en esta entrevista, habla de infancia, amores, traiciones y grandes amigos. La recuperamos ahora que acaba de cumplir 60.

Domingo, 01 de Noviembre 2020

Tiempo de lectura: 7 min

Lenny llega mojado a nuestro encuentro. Hemos quedado por Zoom y se conecta con un ligero retraso. «Me he pasado una hora en moto bajo un chaparrón», alega y sonríe. La excusa suena creíble. Kravitz está en el paraíso tropical de las Bahamas y habla desde una caravana Airstream en la isla de Eleuthera, su residencia habitual cuando no está en su mansión de París. A sus 56 años, hace más de 30 que Kravitz es mundialmente famoso, aunque, matiza, la popularidad nunca le interesó. «Hablo en serio. Nunca fue lo que me empujó». Durante mucho tiempo, la industria discográfica no supo qué hacer con él y se hartó de escuchar la frase: «Tu música no es suficientemente negra ni suficientemente blanca».

Y así anduvo hasta que, allá por 1989, fichó por Virgin Records y, lanzó Let love rule, un cóctel de rock y funk con reminiscencias sesenteras. Tras un recibimiento dispar en Estados Unidos, el disco fue un éxito apabullante en Europa, España incluida.

«Mi padre psicológicamente era terrible, pero fue el padre que me hacía falta: me empujó a luchar aunque fuese a base de patadas»

Y fue así, de la noche a la mañana, como Kravitz se convirtió en sex symbol. Para entonces, sin embargo, ya llevaba dos años casado con la actriz Lisa Bonet. Primera celebridad de una lista que incluye a Vanessa Paradis (con la que salió tras separarse de Bonet, hasta que la artista francesa conoció a Johnny Depp), la cantante australiana Natalie Imbruglia y las supermodelos Naomi Campbell, Devon Aoki y Adriana Lima, además de Nicole Kidman.

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Fiel amigo. Con David Bowie con quien mantuvo una buena amistad.

Kravitz ha titulado su autobiografía Let love rule, homenaje al álbum que le cambió la vida, pero también es una referencia en sentido amplio al cristianismo, el credo que regula su vida desde que el espíritu de Dios se le apareció en un campamento en la adolescencia.

Reconoce, en todo caso, que no tenía muchas ganas de escribir unas memorias. «Hablamos de una vida que puede tener su gracia, no digo que no, pero, cuando leo las autobiografías de mis héroes, me parece que son mucho más interesantes que la mía. Cuentan cosas increíbles», dice. Una noche, sin embargo, se fue a cenar con David Ritz, reputado ‘negro’ y coautor de memorias de varias leyendas musicales y terminó por convencerlo.

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Una unión peculiar. Con su exmujer, Lisa Bonet, de quien sigue siendo amigo, y su hija Zöe –actriz.

El libro, primera parte de dos entregas, cubre los primeros años de su vida y empieza con una pesadilla recurrente -estar enterrado en vida- que le asaltaba con 5 o 6 años y termina cuando, a los 25, la perspectiva de una celebridad inminente comenzó a provocarle temblores físicos.

Hijo único y mestizo, su madre, Roxie Roker, era negra y actriz (actuó en series como Se ha escrito un crimen, Vacaciones en el mar o Raíces) y su padre, blanco y judío. Su niñez transcurrió a caballo entre el Upper East Side neoyorquino, el distrito de Manhattan en el que viven los ricos, y las malas calles de Brooklyn, donde residían sus abuelos maternos.

«Tengo dos caras: negro y blanco, cristiano y judío... Me di cuenta al llegar al colegio: un niño empezó a gritar que mi madre era negra y mi padre, blanco. Yo no entendía nada»

«Siempre he tenido dos caras. De hecho, en Brooklyn era Eddie y en Manhattan me llamaban Lennie. Negro y blanco, judío y cristiano; de chaval iba de un extremo a otro de la ciudad». Las amistades de sus padres eran igual de variopintas; incluían a famosos, pero también a gánsteres y activistas negros. Entre ellos, la escritora Toni Morrison, ganadora del Pulitzer y del Nobel.

Por entonces, Lenny no tenía especial conciencia racial ni reparaba en su particular condición de mestizo. «Nos movíamos con todo tipo de gente y nadie mencionaba el asunto. Yo pensaba que la vida era así, que era lo normal», recuerda.

El día de mi conciencia negra

Esa conciencia llegó el primer día de colegio, cuando otro alumno reparó en que su madre era negra y su padre, blanco. «El niño empezó a señalarme y a anunciarlo a voces. Yo no entendía nada». Poco después, otro chico empezó a llamarlo ‘cebra’. Su madre le explicó que era fruto de dos legados y que debía sentirse orgulloso. «Me aclaró también que la gente siempre iba a mirarme como un negro -matiza-. Iban a fijarse en el color de mi piel y en nada más».

Su temprana obsesión por la música se vio enriquecida por los actores y músicos que frecuentaban las fiestas de sus padres. En aquel ambiente bohemio, el joven Lenny se acostumbró a vestir de forma extravagante, lo que no encajaba tanto con su padre, Sy Kravitz, productor de informativos y exmilitar.

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Una figura paterna tormentosa. Kravitz de niño con sus padres. Con su padre, no tuvo una relación fácil. Con tan solo 16 años, le echó de casa. En 2005, antes que su padre falleciera, remotaron la relación aunque no consiguió perdonarle del todo.

En 1969, cuando Lenny tenía 5 años, Sy se marchó a Vietnam como corresponsal. «En parte, me alegré de que se fuera -recuerda su hijo-. El ambiente se hizo más respirable; mi padre era autoritario y mi madre no se dejaba achantar. Ella tenía carácter fuerte, pero se hacía respetar con cariño, con amor. Mi padre recurría al miedo».

En sus memorias, Kravitz describe las constantes tensiones que su padre generaba en casa y cómo su madre se esforzaba para que su marido no se sintiera eclipsado por su éxito. Lenny cuenta como, a los 16 años, pilló a su padre con una amante. Cuando su madre lo echó de la casa, Sy se volvió hacia su hijo y le espetó: «Tú harás lo mismo que yo cuando seas mayor. Espera y verás». Su abuelo también había sido infiel a su abuela.

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Entre 'celebrities'. El cantante junto a sus dos íntimos amigos: Naomi Campbell –del que es padrino de su hija– y Jason Momoa, el que también fue marido de Lisa Bonet.

Una de las grandes alegrías que le dio su padre fue cuando, con 5 años, lo llevó a ver a los Jackson Five. «Esa actuación me marcó. Fue decisiva en mi vida».

Sy Kravitz murió en 2005. Meses antes, Lenny lo llevó a vivir a su casa, donde lo cuidó hasta el último momento. «Hicimos las paces antes de que se fuera. En el plano psicológico puede que mi padre fuera terrible, pero también me enseñó cosas fantásticas. Haciendo abstracción de su relación con mi madre, de su deslealtad, el hombre se mataba a trabajar para su familia. Siempre estuvo orgulloso de mis éxitos. Fue el padre que me hacía falta, el que me empujó a luchar para salir adelante, aunque fuera a base de patadas en el culo. Nos podíamos llevar mal, pero no me echó de casa. Me fui porque me dio la gana».

Desde las Bahamas. Kravitz vive entre París y las Bahamas, el archipiélago donde nació su abuelo materno antes de emigrar a Estados Unidos. De niño, el músico pasaba sus vacaciones allí con sus primos. Hoy graba allí sus discos, en su propio estudio sobre las aguas azul turquesa del Caribe./
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¿Hasta qué punto es consciente de su condición de icono sexual? Kravitz insiste en que de joven no tenía gran éxito con las chicas. Las cosas cambiaron con su primera actuación como cabeza de cartel, a los 16 años, al frente de un grupo llamado Wave. «Al final de una lenta balada destinada a ser escuchada en la cama, me dejé caer de rodillas sobre el entarimado. Las chicas de la primera fila me tendían las manos; cuando se las rocé, gritaron como si hubieran sido sometidas a una descarga eléctrica». A partir de ese momento, Kravitz ya no tuvo que rogar a las mujeres.

En el libro, Lenny habla de las intensas relaciones que mantuvo con una sucesión de bellezas antes de conocer a Lisa Bonet en un ascensor. Ya se había fijado en ella un año o dos antes al ver su rostro en la portada de una revista. «Un día voy a casarme con ella», le prometió a un colega.

Un divorcio muy bien llevado

Bonet y él se hicieron amigos y, con el tiempo, la amistad dio paso al amor. Pero lo maravilloso de su relación no fue su temprana fijación, sino lo bien que siguieron llevándose tras el divorcio, en 1993, después de estar seis años casados y tener a su hija Zöe.

De esa buena relación dejó constancia la publicación de unas fotos donde Lenny aparece divirtiéndose con el nuevo marido de Bonet, Jason Momoa, célebre por su aparición en Juego de tronos y, más tarde, como Aquaman. ¿De verdad lo llevan tan bien como parece? «Pues claro -responde-. Lisa se quedó patidifusa porque a los cinco minutos de conocernos nos olvidamos de ella y salimos por ahí a tocar la guitarra juntos. Me habló de sus cosas, yo de las mías y… ¡tenemos los mismos gustos! Como puede suponer, Lisa se llevó un buen chasco. ¡Los dos nos dimos el piro!».

Kravitz no ha vuelto a casarse. Ha declarado que espera vivir otro gran amor, a disfrutar del matrimonio otra vez.

Me dice que él, en realidad, no es tan sexy como se supone. «Todo es una ilusión», arguye. Pero no seré yo quien le diga a Lenny Kravitz que en esto se equivoca de medio a medio.

© The Times