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Imanes de talento Ya hay más de 23.000 ‘start-ups’ de nuevas tecnologías en nuestro país ¿Por qué los titulados extranjeros eligen España?

Cada vez más titulados extranjeros se instalan en nuestro país para investigar y emprender. No es raro: en Europa sacamos nota en digitalización y capital humano y ocupamos el cuarto puesto en creación de start-ups. La oportunidad está clara. Y esta vez no la podemos perder.

Por Carlos Manuel Sánchez | Ilustración: Mekakushi

Lunes, 02 de Enero 2023

Tiempo de lectura: 4 min

España es el ecosistema favorito de las gacelas. Ya hay más de 23.000. No hablamos de esos antílopes veloces y elegantes, sino de start-ups: empresas emergentes enfocadas a las nuevas tecnologías. El 96 por ciento de las gacelas tecnológicas que pastan en la economía española son jóvenes y con plantillas pequeñas, pero crecen rápido. Y lo mejor es que nueve de cada diez siguen vivas al cabo de cinco años. Y alguna incluso se transforma en unicornio [empresas tecnológicas valoradas en más de 1.000 millones de dólares].

Las gacelas no nacen por generación espontánea; necesitan talento y recursos. De lo primero andamos sobrados, tanto que lo habíamos dilapidado irresponsablemente.

La inversión privada se ha multiplicado por 33 en una década. Ha pasado de 118 millones de euros en 2012 a 4.000 millones en 2021. ¿Un país de camareros? Vamos siendo un país de 'startuperos'

Nadie ha hecho la cuenta (es demasiado doloroso) de los jóvenes científicos e ingenieros que hicieron las maletas entre 2010 y 2019, los años de la crisis y los recortes. «Decenas de miles», calcula la ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant. Una hemorragia que solo se frenó por causa mayor: la pandemia. Pero ya no hay excusa, porque ahora sí que hay recursos «para que vuelvan los que se fueron, que no se vayan los que están y atraer a los mejores talentos extranjeros», según Morant. Por un lado, los fondos europeos Next Generation han dejado 3000 millones de euros para captar talento foráneo y repescar al nacional. Y el capital riesgo ya se había percatado de la oportunidad. Hay 366 grupos de inversión, 150 aceleradoras y un centenar de incubadoras empresariales en España, que ya es el cuarto país europeo por número de start-ups. Y la inversión privada se ha multiplicado nada menos que por 33 en una década, pasando de 118 millones de euros en 2012 a 4000 millones en 2021. ¿Un país de camareros? Vamos siendo un país de 'startuperos', como se conoce castizamente a los profesionales de este sector: uno de cada cuatro nuevos empleos es de ciencia, telecomunicaciones e informática

¿Pero cuál es el principal atractivo de España? La Comisión Europea elabora un índice sobre innovación. Y sacamos nota en digitalización y capital humano. El nivel de los centros investigadores españoles de excelencia, acreditados con la distinción Severo Ochoa, como el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares de Madrid, impulsado por uno de nuestros más ilustres exiliados, Valentín Fuster; el Barcelona Supercomputing Center; o la galaxia de centros de Ikerbasque en el País Vasco no tienen nada que envidiar a las universidades punteras de Europa. España es el undécimo país con más publicaciones científicas del mundo y ya supera las cien mil anuales. Aunque todavía le cuesta convertir ese conocimiento en patentes: solo se registran 68 por cada millón de habitantes, mientras que en Corea del Sur se registran casi 3500.

A esto hay que sumar una tupida red de aeropuertos y alta velocidad ferroviaria, fibra óptica y los 25 cables submarinos que nos han convertido en el hub digital del sur de Europa y que tanto atrae a las grandes tecnológicas. Google abrirá en los próximos meses su observatorio de la ciberdelincuencia mundial en Málaga, una de las ciudades que mejor se ha posicionado, junto con Bilbao, Zaragoza, Valencia, Sevilla, Elche, A Coruña… Ya no son solo Barcelona y Madrid, aunque ocupan los lugares tercero y décimo, respectivamente, del ranking de ciudades europeas emprendedoras, que lideran Berlín y Londres.


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Investigadora de Ikerbasque en el Centro de Matemáticas Aplicadas de Bilbao | Reino Unido

Elena Akhmatskaya: «Aquí tengo libertad para escoger mis líneas de investigación»

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| «Vine a España atraída por la oportunidad de escoger mis propias líneas de investigación en un centro de nivel mundial. Aquí tengo más libertad que en el laboratorio del Reino Unido donde trabajé. Y, además, he podido resolver el dilema familia versus carrera profesional», explica la matemática británica Elena Akhmastkaya (derecha), que dirige un grupo de once investigadores que se dedican al diseño de modelos computacionales aplicados a la optimización de baterías. La acompañan en la foto otros dos investigadores fichados por Ikerbasque (Fundación Vasca para la Ciencia): el ecólogo italiano Ferdinando Villa, experto en cambio climático, y la española Nora Bengoa, doctora en Biología Molecular y Biomedicina, repescada de la Universidad de Oxford para investigar sobre el alzhéimer en el Centro de Neurociencias de Achucarro. Un ejemplo de que la 'fuga de cerebros' es reversible.


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Doctora en Ciencias Agrícolas, del CSIC, Zaragoza | Ucrania

Olena Drozd: «En España he podido retomar mi trabajo, parado por la guerra»

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Foto: Carlos Carrión.

 | Olena Drozd forma parte de la diáspora ucraniana a causa de la guerra. Doctora en Ciencias Agrícolas en Járkov, llegó a España con su hijo gracias a una convocatoria del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y a la ayuda de un grupo de científicos aragoneses que se desvivió con el papeleo y le buscó casa; entre ellos, Carmen Castañeda, de la Estación Experimental de Aula Dei, en Zaragoza, donde ha recalado Olena.


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Ingeniero, fundador de la 'start-up' Pettipod, en Málaga | India

Kishhanth Renganathan: «La idea de que en este país los proyectos avanzan lento está desfasada. Es un lugar magnífico para emprender»

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∇ | «Llegué a España hace cuatro años para hacer un máster y decidí quedarme. Hay ayudas públicas para las start-ups y un ecosistema innovador flexible y potente. La idea de que los proyectos avanzan lentos en España está desfasada. Es un lugar magnífico para emprender. La pandemia cambió la cultura de trabajo. Muchos somos nómadas digitales. Y, si no tienes oficina o compartes piso, necesitas un espacio para tus actividades diarias. Por eso he diseñado unas cabinas que se pueden alquilar por minutos para hacer videollamadas, meditar, grabar un pódcast o echarte una siesta. También trabajo en un robot humanoide para la hostelería que ya sabe hacer cócteles».