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Desayuno de domingo con...

Malena Alterio: «Somos vampiros que chupan la realidad para fabricar la ficción, a veces, cruelmente»

Buenos Aires, 1974. Soy actriz y hoy os presento la película 'Que nadie duerma'. Una adaptación de una obra de Juan José Millás, un 'thriller' inquietante que he tenido el placer de protagonizar.

Por Virginia Drake | Fotografía: Javier Ocaña

Viernes, 24 de Noviembre 2023, 10:53h

Tiempo de lectura: 3 min

XLSemanal. Menudo papelón el suyo y menudo cambio de registro: ¡chapeau!

Malena Alterio. Ya sabes que los cómicos de la legua hacen de todo, hay que ser versátil. En el fondo, todos los cómicos somos muy dramáticos.

«¿Si me han dicho que por esta película podría ganar un Goya? Sí, pero intento no hacer mucho caso a eso. Mejor seguir el día a día con calma. Lo que venga, si viene, bienvenido será»

XL. Todos la recuerdan por sus papeles en Aquí no hay quien viva, Vergüenza, Señoras del (h)AMPA, La que se avecina… Pero para mí, desde hoy, será ya siempre Lucía.

M.A. ¡Qué bonito lo que me dices! Estoy muy contenta por haber asumido este papel tan protagonista, de principio a fin en pantalla, con un personaje tan complejo que hasta hoy no había hecho.



XL. Lucía pierde el trabajo por culpa de un jefe corrupto, cuida de su padre enfermo y se reinventa como taxista. Y después se enamora de la persona equivocada.

M.A. Ella se había dejado llevar por lo que se supone que debía ser: buena empleada, buena hija… Pero toma las riendas de su vida, se empodera y decide escribir su propia historia. Es una mujer valiente, aunque sean las circunstancias las que la empujan a cambiar.

XL. Que nadie duerma es la traducción de Nessun dorma, aria incluida en la película. El filme es también casi una adaptación de Turandot, la ópera de Puccini.

M.A. ¡Totalmente! [Ríe]. Me convierto en Turandot, hierática y fría como el hielo y muy cruel, porque ningún hombre me volverá a pisotear ni a ningunear y voy a ser yo quien elija. Hay muchas capas en la película. También es la historia de una venganza.

XL. Hagamos el último spoiler: es obvio que se va a vengar de Calaf, su vecino.

M.A. ¡Está clarísimo! [Risas]. Lucía está supersegura de que ese hombre se va a subir a su taxi y de que algo va a pasar.

XL. Por cierto, conducir un taxi por Usera en hora punta, supongo que rodeada de cámaras, debió de ser un número, ¿no?

M.A. ¡Tremendo! El cámara iba escondido atrás; el director y el de sonido, los dos dentro del maletero; yo me perdía por la M-30… ¡Ni te cuento!

XL. ¿Ya le han dicho que esta película huele a Goya?

M.A. Sí, me lo dicen, pero intento no hacer mucho caso a eso. Mejor seguir el día a día con calma. Lo que venga, si viene, bienvenido será.

XL. Hay otro tema que subyace en la película: cuánta gente se apropia sin pudor de tu vida y de tu intimidad para jugar con ellas a la hora de contar historias...

M.A. Sí. Somos vampiros que chupamos la realidad para fabricar la ficción y, a veces, lo hacemos de un modo honesto, con las cartas sobre la mesa; y otras, como le ocurre a Lucía, robando tu historia de la forma más cruel.


«Café con leche. Una rebanada (tostada) de pan con harina de espelta, con aceite de oliva virgen extra y unas lonchas de jamón ibérico cuando se puede [ríe]».