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Desayuno de domingo con...

Enric Auquer: «Los niños están deprimidos: viven entre relatos de una sociedad que se acaba»

Rupià (Girona), 1988. Soy actor, recibí un Goya en 2020 y acabo de estrenar en cine 'El maestro que prometió el mar', que es una película que estoy seguro de que, cuando la veáis, os va a emocionar.

Por Virginia Drake | Fotografía: Javier Ocaña

Viernes, 10 de Noviembre 2023, 10:23h

Tiempo de lectura: 2 min

XLSemanal. En la película, usted es Antoni Benaiges, un maestro de Tarragona que, antes de la Guerra Civil, llega a la escuela de un pueblo burgalés y cambia el método de enseñanza. Se enfrenta al cura, al alcalde… ilusiona a los niños y les promete llevarlos a ver el mar. Pero todo acaba mal.

Enric Auquer. Muy mal, sí. Él se lo promete porque, en principio, no tenía por qué haber ningún problema. De hecho, hay un momento en que él mismo se odia por haber sido frívolo al prometer algo que no pudo cumplir.



XL. Usted odiaba ir al colegio; iba incluso con un almohadón para dormir en clase. Ya le habría gustado Benaiges de profesor...

E.A. Durante un tiempo iba feliz porque mi tía creó una escuela increíble y tuve una educación superdinámica y maravillosa y estaba enchufado [ríe]. Pero luego me pasaron a una escuela normal y corriente y ahí sufrí mucho con mis cosas de disléxico y mi TDAH.

«Prefiero estar con mis hijos que perder el tiempo intentando gestionar tu ego en una pantalla»

XL. Sería imperdonable, después de encarnar a este maestro, que les eche broncas a sus hijos si sacan malas notas.

E.A. Yo lo intento, pero hoy hay tanta frivolidad en la vida… Veo a los niños todo el día viendo Netflix, sumergidos en relatos distópicos de una sociedad que se acaba, con unas noticias en la prensa que son un desastre… Los niños hoy están deprimidos.

XL. ¡Vaya diagnóstico! Dice que, cuando está relajado, es como un niño de 10 años: cachondo, exhibicionista y divertido. Hoy tiene un mal día, está claro.

E.A. No, no; es que he viajado de noche, me han levantado pronto, me han metido una entrevista detrás de otra… Pero ya casi soy como un niño de 12, dame tiempo [ríe].

XL. ¿Cómo se lleva con las redes sociales?

E.A. No tengo. Las usé al principio unos meses y las abandoné porque no era sano. Sé que me pierdo muchas cosas fuera de ellas, pero no quiero entrar en ese juego. Tengo amigos que ganan más dinero en las redes que trabajando.

XL. ¿Y le da igual?

E.A. Sí, no voy a participar en ese mundo de mentiras y exhibicionismo. Es un relato que no forma parte de la verdad. Prefiero estar con mis hijos que perder el tiempo intentando gestionar tu ego en una pantalla. Lo dejé y fue como superar una enfermedad, una adicción absurda que te desconecta de lo importante.

XL. Desde que ganó el Goya (por Quien a hierro mata) se lo rifan en el cine, pero es en el teatro, dice, donde mejor se lo pasa.

E.A. El teatro es mi vida y el cine, a veces, puede ser muy aburrido. El teatro es trepidante porque es directo.


«Queda muy mal decirlo, pero no debo de ser el único. Me levanto, voy al baño con algo para leer y me siento en el retrete con mi café con leche y un pitillo».