En los noventa fue el gran 'magnate del bienestar' y asegura que está acostumbrado a que lo llamen 'charlatán'. «No me importa». Tiene 77 años, una enorme fortuna y sigue sumando admiradores; entre ellos, Meghan Markle. Hablamos con el gurú de las estrellas de sus temas favoritos: fama terrenal y conciencia divina.
Mick Brown | Fotografía: Corey Nickols
Viernes, 2 de febrero 2024, 10:39
Cuáles son las cosas más interesantes que ha visto o aprendido en las últimas 24 horas?, le pregunto a Deepak Chopra. Estamos sentados en su oficina en Manhattan. Esta mañana, cuenta, se ha levantado a las cinco, como siempre, y ha hecho dos horas de yoga y una hora de meditación. No desayuna. Hace una comida al día: un almuerzo tardío o una cena temprana.
Luego ha hecho una entrevista para su canal de YouTube. Después caminó cinco minutos desde su «apartamento de bienestar», donde vive con Rita, su esposa ... desde hace 53 años (tienen dos hijos y tres nietos), a su oficina. Al cruzar Union Square pasó junto a un letrero que ve todos los días. «Dice que tenemos cinco años antes de que el cambio climático se vuelva irreversible. Nadie se detiene a leerlo. Soy el único que lo mira. Parece que estamos caminando sonámbulos hacia la extinción».
No esperaba pesimismo en la conversación, pero ahí está. «No es pesimismo, es realismo. Y me dicen: '¿Tienes esperanzas?'. No creo en el concepto de esperanza; es un signo de desesperación. Podemos resolver todos estos problemas, la pregunta es: ¿tenemos la voluntad emocional y espiritual?».
¿Cómo describir a Deepak Chopra? Él se define como «médico, autor y explorador de la conciencia». Para la prensa, es el «gurú espiritual» de estrellas como Michael Jackson, Oprah Winfrey y Meghan Markle. Para sus numerosos detractores en la comunidad científica, es un fraude, un proveedor de falsa ciencia y falsas promesas.
Chopra ha escrito un nuevo libro, Quantum body: the new science of living a longer, healthier, more vital life. Ha escrito tantos libros, más de 90, que sus editores, dice, lo han instado a reducir la productividad. «Ya no me permiten escribir más de uno al año [se ríe]. Pero no pasa nada. Para compensar, hago un vídeo todos los días».
Cuerpo cuántico, coescrito, con el físico Jack Tuszynski y el endocrino Brian Fertig, es una larga disquisición sobre el tema favorito de Chopra: la relación entre la mecánica cuántica y la conciencia. Y, como muchos de sus libros anteriores, ya ha recibido una dura crítica. De hecho, científicos y escépticos hacen cola para denunciar a Chopra. «Me acusan de charlatanería psicológica –cuenta–, pero ya me he acostumbrado a todo eso».
El nuevo libro de Chopra presenta, al menos para mí, un problema: no entiendo nada de física cuántica. «No importa –me dice alegremente–. Muchos físicos cuánticos tampoco». El libro gira en torno a lo que se conoce como 'el problema difícil' de la ciencia: por qué los humanos somos conscientes. Para explicar la conciencia, sugiere, debemos ir más allá de una visión puramente materialista del universo. Chopra cita al físico cuántico Werner Heisenberg: «El universo no solo es más extraño de lo que pensamos, sino más extraño de lo que podemos pensar». Chopra cree que la respuesta está en las enseñanzas védicas de la India, expuestas durante miles de años por rishis iluminados, «pioneros cuánticos», dice.
Según esta interpretación, la conciencia es la materia misma de la que está constituido el universo y todo lo que hay en él. Entonces, ¿es la conciencia lo que podríamos llamar 'Dios'? «'Dios' es un término peligroso, pero sí...; yo lo llamaría 'conciencia pura, divina'».
El hinduismo enseña que hay cuatro etapas de la vida: brahmacharya ('estudiante'), grihastha ('cabeza de familia'), vanaprastha ('caminante') y sannyasa ('renunciante'). Chopra tiene su propia interpretación: «la primera son 25 años de educación –explica–. Luego, 25 años de fama y fortuna. La tercera, devolución. La cuarta, la preparación para la muerte».
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«Deepak Chopra ha sido, en muchos sentidos, un adelantado a su tiempo. En los noventa, el concepto de bienestar, la meditación y el yoga no eran tan populares. Y no podía serlo menos en lo que se refiere a la tecnología. En 2020 ya había creado su propia inteligencia artificial. 'Digital Deepak' es un 'avatar' del gurú, desarrollado a partir de todos los libros, entrevistas y escritos de Chopra y capaz de interactuar 'personalmente' con el usuario: responde a tus preguntas e incluso está diseñado para seguirte con los ojos. Para Chopra, la IA es «una herramienta de gran utilidad» que no solo «puede ser tu consejero psicológico, sino incluso tu guía espiritual». Y lo será de manera eficaz porque gestionará una gran cantidad de conocimiento, y será útil sobre todo en aquellos lugares donde ir al psicólogo todavía es un estigma o para quien no se puede permitir económica- mente asistir a una consulta privada. Lo que Chopra afirma con rotundidad es que la IA no puede ser consciente. «La inteligencia artificial siempre será un complemento de la conciencia humana, no un sustituto de ella».
La segunda, por supuesto, la ha disfrutado Chopra en abundancia a la cabeza de un imperio empresarial dedicado a la «sanación integral». ¿Cómo llegó a esto un estudiante de Medicina de Delhi? Sucedió, dice, «accidentalmente».
Su padre era un eminente cardiólogo. Siguiendo sus pasos, Chopra estudió Medicina antes de trasladarse con su esposa a Estados Unidos en 1970, donde se especializó en endocrinología. En 1981, durante una visita a la India, conoció a un médico ayurvédico que le aconsejó la meditación, lo que lo llevó a reunirse con el Maharishi Mahesh Yogi –más conocido como 'el gurú de los Beatles'– en una conferencia en Washington.
«Yo era el único indio allí. Me dijo: 'Si vienes a mí, te enseñaré la conciencia'. Mi mujer le preguntó: 'Si va a ti, ¿de dónde saldrá el dinero?'. Él miró al techo y dijo: 'El dinero vendrá de donde esté en este momento'». Chopra pasaría 12 años con el Maharishi. «Me adoptó casi como su hijo». Y Chopra se convirtió en director médico del Maharishi Ayur-Veda Health Center de Massachusetts, donde cobraba hasta cuatro mil dólares semanales por los tratamientos.
En la década de los noventa se separó del Maharishi porque su organización, dice, «se volvió demasiado sectaria». Para entonces, ya había entablado amistad con Michael Jackson, quien en 1988 lo llamó «de improviso» para que le enseñara meditación. «Y me presentó a Marlon Brando, Elizabeth Taylor y pasó todo lo que pasó...». Al año siguiente escribió su primer libro, Quantum healing, y empezó a aparecer regularmente en la televisión de Estados Unidos. En 1993 aparecer en The Oprah Winfrey show le cambió la vida.
Después de eso, dice, se formaban atascos a la salida de sus conferencias. «Pero no me hizo creérmelo, por la sencilla razón de que mis colegas pensaban que era un fraude. Cuando ejerces una profesión, buscas la aprobación de tus colegas y yo nunca la tuve hasta hace poco. Ahora la tengo». Hace una pausa. «Limitada».
Y así llegamos a ese punto en el que se dice que es el gurú de Meghan Markle. Un suspiro de impaciencia. «La prensa británica…». En abril, un tabloide citó a Chopra diciendo que Harry y Meghan estaban 'luchando' en medio de sus desavenencias con la familia real. En primer lugar, dice, el contacto que él tiene con la pareja es solo con Meghan. Su madre es aparentemente una gran fan. Pero no tiene nada que decir sobre ellos. La idea de que Meghan le pida consejo espiritual es ridícula. «No, no. No tengo esa relación con ella. La tuve con Michael Jackson».
Dice que fue en 1984, a raíz de un accidente durante el rodaje de un anuncio, cuando los médicos empezaron a recetarle narcóticos «y entonces se hizo adicto». Solía recurrir a ellos cada vez que se encontraba en una situación emocional angustiosa. «Era básicamente un drogadicto. Yo sabía cuándo consumía porque se escondía de mí. Y cuando estaba en remisión me llamaba».
Chopra habló por última vez con Jackson dos semanas antes de su muerte. Estaba leyendo poemas de Rabindranath Tagore, el escritor indio galardonado con el Premio Nobel. Veinticuatro horas antes de su muerte, el cantante dejó un mensaje en el buzón de voz de Chopra. «No lo oí hasta después de su muerte. Pero se ponía en contacto conmigo con regularidad. Era muy vulnerable, sufrió abusos y muchas otras cosas. Una infancia muy triste». Y no ahonda más.
Entre las críticas que recibe Chopra está la de haber construido un imperio a partir de la venta de clases de meditación, productos ayurvédicos y retiros espirituales. Su fortuna se estima en unos ochenta millones de dólares. En marzo del año pasado, su empresa –Chopra Global– fue adquirida por The Healing Company. Tal vez esto señale el comienzo de la cuarta etapa de la vida de Chopra, que, según sus cálculos, puede durar un tiempo considerable.
Habla de los grandes rishis y sabios del pasado que, a través de la meditación, alcanzaron la iluminación. «Yo no pretendo estar iluminado. Pero soy muy riguroso con mi práctica espiritual. Puedo pasear por Nueva York y darme cuenta de que todo el mundo va sonámbulo, son robots biológicos».
Eso suena condescendiente, comento. «No, no lo es. Ahora tengo experiencias en las que veo todo como un espectáculo de magia». Afirma ser resistente al proceso de envejecimiento: «Si ralentizas la experiencia del tiempo a través de la meditación, creo que cambias el reloj biológico». Y afirma no haber estado nunca enfermo, salvo de sarampión y varicela cuando era niño. Matiza: hace dos años tuvo una piedra en el riñón. «Se me pasó».
En su opinión, los dos grandes enemigos de la salud son la falta de sueño y el estrés. «Puedo superar a cualquiera de mi edad en resistencia y aguante. Yo no me canso. No tengo estrés. Aunque tengo la sensación de que el día que deje de hacer yoga, todo se vendrá abajo».
Pero nadie vive para siempre. El sueño de los inmortalistas de Silicon Valley es, dice, «una locura patológica... Estos tipos de Silicon Valley están locos. Se puede alargar la vida, pero no a través de esa tecnología de la que hablan, el biohacking, como la llaman». Y añade: «La muerte no es lo contrario de la vida, la muerte es lo contrario del nacimiento; y el nacimiento y la muerte son el continuo de la vida, por lo que es una forma totalmente diferente de ver las cosas».
Chopra dice que cada noche hace dos cosas. Recapitula su día, «como un vídeo», recordando a quién ha conocido, cómo se llamaban, qué dijeron, qué dijo él. «Y luego recapitulo momentos de mi vida: la infancia, la adolescencia. Puedo recordar conversaciones con mi madre a los 5 años sentado en su regazo y ella cantándome canciones». Hace una pausa, ensimismado. «Sí, recuerdo las canciones».
© The Telegraph
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