Marie Curie, la mujer que dio la vida por la ciencia
NI la más mermante misoginia pudo con su genio

Marie Curie, la mujer que dio la vida por la ciencia

Si alguien dio alguna vez la vida por la ciencia, hasta las últimas consecuencias, esa fue Marie Curie. Fue la primera mujer en ganar un Nobel y la primera persona en obtener dos. Sus investigaciones salvan hoy millones de vidas, pero su historia personal, sus amores, quedan muchas veces ocultos tras su impresionante legado.

Javier Sanz

Domingo, 4 de diciembre 2011, 12:23

Marie yace postrada en una cama, casi ciega y sabe que su vida, presa de la leucemia, se apaga. Tiene 66 años. Es primavera en París. Hace unos meses que ha regresado de su Polonia natal, el último viaje. En el hospital del barrio parisino de Passy, donde la atienden, espera el final, consciente y tranquila. «La mejor vida no es la más larga, sino la más rica en buenas acciones», le dice a su hija menor, Eve, que la acompaña en su enfermedad Y en esos días, mientras apenas aprecia ya la luz del verano, que se acerca, la hace cómplice de sus confesiones.

Primeros años. Marie, a los 16 años, en Polonia, cuando trabajaba como institutriz.

Recuerda Marie cómo con apenas 20 años, y cuando todavía usaba su nombre polaco, Manya Sklodowska, recorría las calles de Varsovia, ofreciéndose como institutriz y ... soñando con estudiar en la universidad de la Sorbona, en París. Marie tiene un expediente académico brillante, una capacidad de trabajo envidiable, habla con fluidez polaco, ruso, alemán y francés, pero en la Polonia de la época –ha nacido en 1867– una mujer no tenía posibilidades de cursar estudios superiores, y la economía familiar no hace posible enviarla a París. Hija de un profesor de ciencias y una maestra, es la menor de cinco hermanos y su adolescencia queda marcada por la muerte de su hermana mayor, Zofia, como consecuencia del tifus, y dos años más tarde la de su madre, por tuberculosis. Marie podía haberse hundido, pero hizo lo contrario. Se puso de acuerdo con su hermana Bronya, tan brillante como ella, para ayudarse mutuamente. Manya trabajaría como institutriz en Polonia para costear los estudios de Medicina de su hermana en París y, cuando esta terminase, la ayudaría a ella a recorrer el mismo camino.

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