Brutal colonización

Libia, el juguete roto de Mussolini

El 'León del desierto'. En 1931, la captura y ejecución del líder de la rebelión libia Omar al Mujtar marcó el fin de la resistencia

Italia quería un imperio y tuvo que conformarse con los restos. Entre ellos, un trozo de desierto junto al mar y unos beduinos poco dispuestos a colaborar. La conquista y colonización de Libia fue tan brutal que sus sombras se extienden hasta hoy. Un país devastado y con un futuro incierto.

Por Miguel Ángel Martín

Martes, 19 de septiembre 2023, 15:30

A principios de junio de 2009, Muamar el Gadafi llegó a Roma en viaje oficial. Plantó su jaima en los jardines de Villa Pamphili y despertó la curiosidad general al lucir en su pechera, sujeta con un imperdible, la foto de un anciano cargado de cadenas (la misma que abre este reportaje). Se trataba de Omar al Mujtar, conocido como el León del Desierto, el líder de la resistencia libia durante la colonización italiana en los años 20 del siglo pasado, cuya vida fue llevada al cine en 1981 en una de las más grandes producciones de la época, con Anthony Quinn y Oliver Reed en los roles principales. Muy pocos en Italia sabían algo del anciano de la foto ni de la película. Es entendible: el filme fue censurado durante 28 años en todo el país, hasta el día siguiente a la visita de Gadafi a Roma. Entonces sí, la noche del 11 de junio de 2009 la televisión pública ‘estrenó’ por fin la película. Fue una forma de asumir una página vergonzosa de su historia que Italia se había negado a leer durante décadas para no ver las atrocidades cometidas durante su pasado colonial.

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Matanzas, fusilamientos... El Gobierno de Italia declaró la guerra en octubre de 1911. Meses después de duras batallas los italianos forzaron la paz; los otomanos se marcharon pero los libios siguieron luchando. Solo la captura y ejecución del líder de la rebelión libia Omar al Mujtar, el 'León del desierto, en 1931, (foto de apertura) marcó el fin de la resistencia.

Italia tuvo que correr. Unificada en 1861, había llegado tarde al reparto de África, pero también quería su imperio, el que fuera, para posicionarse entre ... las grandes naciones. Pugnó así por las sobras de ingleses y franceses, interesada en la orilla norte del Mediterráneo. Sin embargo, sus regiones más ricas, Argelia, Egipto y Túnez, ya tenían dueño. Quedaba la franja formada por la Tripolitania y la Cirenaica, árida, pobre, despoblada y bajo el dominio de un Imperio otomano en declive. Un rival asequible. Entonces, la prensa clamó por “recuperar” la Libia del emperador Diocleciano, hacer del Mediterráneo el Mare Nostrum que fue y sacar músculo.

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