Viernes, 02 de Enero 2026, 13:40h
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Solía ser infalible. Actriz considerada símbolo sexual interpreta papel en que aparece irreconocible (tirando a fea) y se gana el respeto del público y la crítica. Sydney Sweeney ha intentado repetir a sus 28 años este patrón en Christy, su nueva película, pero el boicot promovido por quienes asocian a la actriz al movimiento MAGA ha llevado a la cinta a un estrepitoso fracaso de taquilla en Estados Unidos (no hay fecha de estreno para España).
Lo más curioso de todo es que boicotean una película que cuenta una historia en las antípodas de lo que Donald Trump y sus acólitos consideran aceptable. Christy es un biopic sobre Christy Martin, la primera boxeadora profesional estadounidense, lesbiana de clase baja y víctima de abusos por su entrenador y, más tarde, esposo. A su legión de haters, sin embargo, poco les ha importado el contenido de la cinta. A sus ojos, los ‘pecados’ de Sweeney no han prescrito.
Actriz de gran proyección desde su primer éxito –con 21 años en la serie Todo es una mierda; «un talento emergente», dijo la crítica de ella–, el floreciente odio contra Sweeney experimentó su primer brote en 2022, tras subir fotos de su familia celebrando el 60 cumpleaños de su madre. En ellas aparecían varias personas con gorras estilo MAGA en las que se leía Make Sixty Great Again (referencia a Make America Great Again), razón por la cual numerosos usuarios la acusaron de simpatizar con Donald Trump. Replicó ella que sólo se trataba de una celebración familiar; que subir aquellas imágenes no tenía ninguna intención política.
Para entonces ya era relativamente conocida y su carrera comenzaba a despegar. Al año siguiente, tras protagonizar Cualquiera menos tú, una comedia romántica que recaudó 220 millones de dólares y la convirtió de forma definitiva en sex symbol (sobre todo por sus exuberantes pechos naturales, simbólica oposición al reinado del retoque quirúrgico estilo Kardashian), la popularidad de Sweeney alcanzó niveles estratosféricos.
La verdadera tormenta contra Sweeney se desataría a comienzos de 2025, tras protagonizar un anuncio de gel de baño para hombres en el que aparece desnuda y envuelta en espuma en una bañera. El movimiento contra ella revivió para amplificarse de forma exponencial, con una avalancha de invitaciones a rechazar todo lo relacionado con ella. Apenas un adelanto, sin embargo, de lo que estaba por venir cuando, en agosto pasado, la actriz apareció en otra campaña publicitaria.
Para anunciar ropa vaquera de la marca American Eagle, Sweeney ofreció una amplia galería de posados en modo sexy bajo el lema «Sydney Sweeney Has Great Jeans» (Sydney Sweeney tiene unos vaqueros geniales). El intencionado juego de palabras entre jeans (vaqueros) y genes (genes) del eslogan, con el que la marca se atrevía a hacer un guiño a la eugenesia y el supremacismo blanco, derivó en duras acusaciones contra la actriz, blanca, rubia y de ojos azules. El incendio en redes sociales fue épico, más aún tras saberse que Sweeney está registrada como republicana en Florida y, sobre todo, tras recibir el apoyo público de Trump. Apoyo que Sweeney ni agradeció ni rechazó. Silencio absoluto.
Cuando por fin se decidió a comentarlo, hace unas pocas semanas, Sweeney calificó toda la polémica de «surrealista», dijo que no apoya las ideas que se vincularon con aquella campaña y que está en contra del odio y la división. Para entonces, sin embargo, Christy, a pesar de críticas como la del New York Times, que elogió su actuación, o la de Times, que la comparó con Robert De Niro en Toro salvaje, ya había desaparecido de los cines tras recaudar apenas dos millones de dólares después de haber costado 15.
En parte, porque los que la odian por republicana han boicoteado su película con los ojos cerrados, pero también porque ninguno de los ultraderechistas que la defendieron en su día ha querido bendecir una historia tan anti MAGA como la de una heroína lesbiana, profesional en un deporte de hombres testosterónicos y manipulada, acosada y violada por su entrenador.
La propia Sweeney se ha tomado el fracaso con resignación: «No siempre hacemos arte por los números. Hice Christy con la convicción de que podría salvar vidas. Si inspira a una sola mujer a dar el primer paso contra la violencia que sufre, habremos tenido éxito. Estoy profundamente orgullosa de interpretar a alguien tan fuerte y resiliente como Christy Martin. Esta experiencia ha sido uno de los mayores honores de mi vida». Y al instante, era de esperar, una nueva oleada de ataques de haters afloró en Internet.