El misterio que ni la inteligencia artificial resuelve
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Códice Voynich

El misterio que ni la inteligencia artificial resuelve

Fue escrito hace cinco siglos. Pero ni los más avanzados lingüistas ni las grandes mentes de la criptografía han podido descifrar el Códice Voynich. ¿Por qué ni siquiera hoy, con la ayuda de los superordenadores, podemos leer una sola palabra de este misterioso manuscrito? Se lo contamos.

Viernes, 7 de octubre 2022, 11:17

Cuando el escritor Umberto Eco visitó la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale, solo quiso ver un códice medieval cuya signatura es 'Beinecke MS 408'. El bibliotecario no tuvo que buscar en qué anaquel estaba el MS 408, más conocido como 'el manuscrito Voynich'. Los medievalistas lo consideran el libro más misterioso del mundo y miles de personas se acercan a New Haven (Connecticut) a verlo con sus propios ojos, como Umberto Eco, que lo abrió, examinó sus dibujos de especies vegetales que ningún botánico es capaz de identificar, planos del cosmos que ningún astrónomo sabe a qué galaxia pertenecen y mujeres desnudas que se bañan en extraños manantiales conectados por tuberías, y con las mismas lo cerró sin haber podido leer una sola palabra.

Otra opción es que sea la transcripción fonética de un lenguaje hablado que no tenía alfabeto. No sería la primera vez que ocurre; ya pasó con un escrito en albanés

Desde que el manuscrito Voynich, un incunable de principios del siglo XV, fue donado en 1969 a la biblioteca de Yale, la humanidad sigue sin ... saber qué se dice en él. Se pensaba que la confluencia de las últimas tecnologías y la potencia en computación resolverían el enigma. Pecábamos de ingenuidad o de soberbia. ¿Y la inteligencia artificial? De momento, tampoco ha servido. El experimento más ambicioso ha sido el de Greg Kondrak, profesor de Ciencia Computacional de la Universidad de Alberta (Canadá), que ha elaborado un método para encontrar el idioma original en textos cifrados. Para ello utiliza varias clases de algoritmos, basados en la frecuencia con la que aparecen los caracteres... Su método sí que funciona con cifrados típicos de sustitución (que cambian unas letras por otras), pero cuando lo aplica al Voynich se encuentra con dificultades añadidas. Por ejemplo, Kondrak piensa que en el Voynich también hay anagramas, es decir, una segunda clave que volvería a 'barajar' cada letra dentro de cada palabra.

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