Matthew Demeritt, nacido sin pelvis ni piernas, dio vida a E.T.
El secreto de Steven Spielberg

«E.T. era yo»: el actor sin piernas que cautivó al mundo disfrazado de extraterrestre cuenta su historia

Matthew Demeritt, nacido sin pelvis ni piernas, dio vida a E.T.

Matthew DeMeritt cautivó al mundo disfrazado de extraterrestre cuando tenía 11 años, pero durante mucho tiempo nadie lo supo. Ahora, este hombre de 55 años que nació sin piernas cuenta su extraordinaria historia.

Anaïs Maquiné Denecke / Fotos: Eva Sakellarides

Viernes, 20 de febrero 2026, 11:15

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No había ninguna duda: para la pequeña Drew Barrymore, la heroína de E.T., su coprotagonista extraterrestre era real. «Drew estaba convencida de que E.T. respiraba y se movía, y yo no quería romper esa magia», recuerda Matthew Demeritt, quien de niño, oculto bajo el disfraz, dio vida al ser de otro mundo creado por Steven Spielberg. «Así que seguía llevando el traje y moviéndome, incluso entre toma y toma», añade.

Una carga pesada. Dentro del apretado, pesado y sofocante traje de E.T. actuaron tres personas: Tamara De Treaux, una actriz con enanismo; Pat Bilon, otro actor con enanismo,  sobre todo cuando caminaba; y Matthew Demeritt, en las escenas en que E.T. camina de manera torpe o se cae, en la escena de la cocina o cuando se disfraza. No podían permanecer con ese voluminoso traje más de 15 minutos.

La ilusión duró mucho tiempo. También el secreto. Lo cierto es que Matthew nunca buscó la fama, y mucho menos la notoriedad. En 2002, en el 20 aniversario de la película, se supo ya de su papel crucial, pero pasaron otras dos décadas hasta que el mundo descubriera su existencia.

«Cuando mi madre estaba embarazada, aún no existían las ecografías», explica Matthew. «Mis padres no sabían que la parte inferior de mi cuerpo no se había desarrollado»

Fue en 2022, durante una ceremonia en el icónico TLC Chinese Theatre de Hollywood Boulevard, cuando Matthew Demeritt fue invitado a celebrar el 40.º aniversario de la película junto con Steven Spielberg. «Fue un momento muy intenso –confiesa–. Steven me presentó oficialmente ante el público como E.T. Nunca pensé que él lo fuera a hacer. Por primera vez, me sentí reconocido». A lo largo de la alfombra roja, los fans le tendían carteles, figuritas y cintas VHS amarillentas. Algunos sollozaban mientras le estrechaban la mano. «Cuando se estrenó la película, yo no era nadie. Hoy la gente me pide autógrafos y fotos, y me dice que cambié sus vidas simplemente porque amaron a E.T. ¡Es una locura!». Gracias al resurgimiento de la cultura pop de los años ochenta, Matthew disfruta con humildad de su salida de las sombras. «Nunca quise ser una estrella –explica–. Simplemente me eligieron de niño por mis características físicas. Pero E.T. me enseñó que mi diferencia podía ser una fortaleza. Eso es exactamente lo que quiero transmitir a todos los niños con discapacidad».

Una familia unida. Matthew Demeritt con su hermano Rob, muy unidos desde la infancia y quien asegura que la diferencia de su hermano dejó de importarle muy pronto. Lo difícil, dice, era adaptarse a su energía y su «ritmo frenético». Matthew Demeritt está casado desde hace treinta años con su esposa, Nanette. Licenciado en redacción inglesa, hoy es productor de pódcast y compositor musical.

Charlamos con Matthew Demeritt no muy lejos de la Ruta 66, al pie de las montañas del interior del condado de Los Ángeles. La silueta única de Matthew Demeritt se desliza sobre el asfalto. Sin piernas ni pies, pero con un monopatín que sostiene su torso, dos brazos musculosos que golpean el suelo como pistones y una indeleble sonrisa infantil. A los 55 años, Matthew sigue desplazándose como cuando era niño: «Siempre me negué a usar una silla de ruedas –dice–. Nunca quise que la gente hablara de mí como 'el niño discapacitado'. Así que elegí el monopatín como medio de transporte. Mis brazos se convirtieron en mis piernas». Desde hace 30 años, Demeritt lleva una vida discreta a la sombra de Hollywood junto con su esposa, Nanette. Tiene un título en literatura inglesa, es productor de pódcast y compositor. «Pocas personas aquí conocen mi pasado como actor –se ríe–. Sin embargo, no solo trabajé con Steven Spielberg, sino que también estuve frente a la cámara con Angelina Jolie (Cyborg 2)».

Un rodaje histórico. Steven Spielberg dirigiendo la icónica escena de la cocina, que interpretó Demeritt. La construcción de los distintos muñecos que se usaron para E.T. costó 1,5 millones de dólares.

Al conocer a este hombre pequeño, de apenas 76 centímetros de altura, impresiona cómo de inmediato su fuerte personalidad eclipsa su peculiaridad física hasta volverla anecdótica. Sin embargo, su nacimiento fue un shock: «Cuando mi madreº estaba embarazada, aún no existían las ecografías –explica–. Mis padres no sabían que la parte inferior de mi cuerpo no se había desarrollado. Nací sin pelvis ni piernas». Su hermano mayor, Robert, recuerda que a sus padres les costó poner en palabras esa diferencia. El mismo Robert descubrió con asombro la singularidad de su hermano menor: «Mi madre lo estaba cambiando sobre la mesa. Cuando vi su cuerpo por primera vez fue… extraño, inesperado. Recuerdo que me quedé paralizado, sin entender. Pero muy pronto lo que vi dejó de importar; lo único que importaba era quién era él». Robert añade: «Matt encontró muy pronto su lugar, tanto en nuestra familia como en la sociedad. Siempre quiso hacer todo como los demás, y nosotros entendimos que dependía de nosotros adaptarnos a su ritmo vertiginoso. El pequeño era realmente intrépido».

«Siempre me negué a usar silla de ruedas. Nunca quise que la gente hablara de mí como 'el niño discapacitado'»

Cuando observó a su hermano mayor haciendo skateboard, a Matthew Demeritt se le ocurrió la idea de utilizar también ese medio de locomoción. Oponerse a la norma era para él más que un simple acto de autoafirmación: era la llave que le abría horizontes insospechados. «Cuando me decían: 'Ten cuidado', yo hacía lo contrario. Mis brazos musculosos se convirtieron en mi orgullo, en mi motor», cuenta.

El alma de ET. Los bocetos muestran cómo Demeritt tuvo que moverse con el disfraz. La voz del extraterrestre, en la versión original, la ponía Pat Welsh, que fumaba dos cajetillas diarias, lo que daba el tono áspero característico.

Corre el año 1981. Steven Spielberg, el exitoso director de Tiburón, quiere hacer una película sobre la soledad infantil y la importancia de la amistad. Imagina una historia maravillosa entre Elliott, un niño solitario, y E.T., un extraterrestre perdido en la Tierra. El cineasta estadounidense encarga a Carlo Rambaldi, genio italiano de los efectos especiales, la creación de una marioneta mecánica que dé vida al alienígena. Spielberg insiste en que debe tener un toque humano. Pero ¿quién va a meterse dentro?

«Steven Spielberg no quería que el público viera a un niño sin piernas detrás de E.T. Quería mantener el misterio de la criatura intacta, preservar la magia»

Esta pregunta obsesiona a Rambaldi hasta que se topa con un vídeo de un estudio científico de la Universidad de Los Ángeles. Los investigadores filmaban regularmente a un niño de 11 años, Matthew Demeritt. Nacido sin piernas, destacaba por su capacidad para desplazarse en monopatín. Sus movimientos vacilantes pero sutilmente controlados reflejaban a la perfección la fragilidad que el director quería infundir en E.T. «Vinieron a buscarme y me dijeron que iba a salir en una película –recuerda Matthew–. Carlo Rambaldi me puso un traje enorme y yo no veía nada. Avancé como pude, y oí a Spielberg exclamar: '¡Eso es!'».

El rodaje comenzó en los estudios de Culver City al día siguiente del 11.º cumpleaños de Matthew, en septiembre de 1981. La segunda piel era muy pesada (18 kilos), quizá demasiado para un niño sin piernas. «Era como llevar tres bidones de agua a la espalda, como un caparazón –dice Matthew–. Dentro hacía un calor sofocante. Tenía que arrastrarme. A veces avanzaba tanteando». Para evitar que se lastimara, el equipo de producción le asignó dos pequeños actores especialistas para las escenas de caminata: Pat Bilon y Tamara De Treaux.

Henry Thomas, el inolvidable actor que interpretó a Elliott, aceptó contarnos su primer encuentro con Matthew: «Vi a este chico sentado en un monopatín, impulsándose con las manos. Me pareció increíble. Tenía mi edad y una energía impresionante. Su presencia en el rodaje era desbordante. Siempre estaba bromeando, haciendo reír a todos». Los dos niños y Robert MacNaughton, que interpretaba al hermano mayor de Elliott, formaron un trío inseparable. Hacían todo tipo de travesuras. «Un día –recuerda Henry– vimos a Matt lanzarse por una rampa, agarrarse a un poste y rebotar en el suelo. Era un pequeño atleta; nada podía detenerlo». Por primera vez en su vida, Matt descubrió el significado de la amistad.

En la pantalla era él quien daba humanidad al alienígena. La escena de Halloween, donde E.T. tambalea bajo una sábana blanca, es él; el plano en que el extraterrestre se desploma tras beber cerveza también es él. «Para la escena en que E.T. está borracho, Steven dudaba en pedirme que me dejara caer al suelo bocabajo. ¡Yo era tan temerario que no me daba miedo!». Son precisamente los gestos torpes de Matthew los que hacen tan conmovedor a E.T. Spielberg confesó más tarde: «Rodamos sin storyboard para no sofocar la espontaneidad de los niños». A Rambaldi le gustaba recordar: «La mecatrónica tenía sus límites. La verdadera magia de E.T. es que sus movimientos los realiza un ser humano».

Cuando la película se estrenó en la clausura del Festival de Cannes de 1982, recibió una ovación de quince minutos. Recaudó más de mil millones de dólares en taquilla y ganó cuarenta y cuatro premios en todo el mundo. Carlo Rambaldi recibió un Oscar por sus efectos especiales. Pero Matthew permaneció en la sombra. «Era invisible. Me consideraban un accesorio, no un actor. Así que volví a mi vida normal». Afirma que no mencionar su participación fue una decisión consciente del director: «Steven Spielberg no quería que el público viera a un niño sin piernas detrás de E.T. Quería mantener el misterio de la criatura intacto, preservar la magia». En los créditos, su nombre no aparece en la categoría de actores, sino bajo la discreta mención: «movimientos especiales E.T.». Para entenderlo, hay que recordar que en el Hollywood de los años ochenta la diferencia se invisibilizaba.

Hoy, cuando los actores con discapacidad empiezan por fin a ser valorados en la pantalla, podemos apreciar mejor la injusticia cometida con Matthew Demeritt. Henry Thomas lamenta: «Matt es tan parte de la aventura de E.T. como cualquiera de los actores. El sistema fue injusto con él. Pero, para nosotros, él encarna la leyenda».

Fiel a su medio de transporte favorito, Matthew sueña con lanzar su propia marca de monopatines eléctricos. «He recorrido más de 16.000 kilómetros con mi prototipo –afirma–. Eso es casi cuatro veces cruzar Estados Unidos de este a oeste. Los modelos actuales no son muy buenos. Quiero fabricar un monopatín eléctrico resistente y duradero». Al tomar una curva, un motociclista se coloca a su lado, como hacen a diario decenas de transeúntes, sorprendidos por esta pequeña criatura que zigzaguea entre los coches. Cuando los más audaces se atreven a acercarse, Matthew a veces les confía su gran secreto: «Cuando le digo a la gente que fui E.T., sonríen. Es verdad, una parte de él soy yo. Y eso me basta».

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