Viernes, 17 de Octubre 2025, 11:40h
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Ciertas mujeres atraviesan su época como quien camina descalza sobre cristales: con determinación, dejando rastros de sangre y belleza. Germaine Dulac (1882-1942) fue una de ellas. No nació para el cine –ni siquiera creía que dirigir fuera cosa de mujeres–, pero acabó construyendo una filmografía de unas treinta películas, fundando su propia productora, escribiendo teoría cinematográfica con la misma pasión con la que otros escriben cartas de amor, y levantando la voz en conferencias donde sus colegas varones la escuchaban entre la admiración y el desconcierto.
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