Informáticos y hackers trabajan para la OTAN, enfrentándose a otros profesionales con habilidades como las suyas que operan desde cualquier país e intentan, sobre todo, sabotear instituciones, sistemas bancarios y compañías eléctricas o nucleares. ¿El objetivo? Paralizar un país y llevarlo al caos. E NE MI G OS V IRTUAL ES Informáticos y hackers trabajan para la OTAN, enfrentándose a otros profesionales con habilidades como las suyasque operan desde cualquier país e intentan, sobre todo, sabotear instituciones, sistemas bancarios y compañías eléctricas o nucleares. ¿El objetivo? Paralizar un país y llevarlo al caos.
xl semanal
El cuartel general

Los cibersoldados de la OTAN: la batalla silenciosa

Informáticos y hackers trabajan para la OTAN, enfrentándose a otros profesionales con habilidades como las suyas que operan desde cualquier país e intentan, sobre todo, sabotear instituciones, sistemas bancarios y compañías eléctricas o nucleares. ¿El objetivo? Paralizar un país y llevarlo al caos. E NE MI G OS V IRTUAL ES Informáticos y hackers trabajan para la OTAN, enfrentándose a otros profesionales con habilidades como las suyasque operan desde cualquier país e intentan, sobre todo, sabotear instituciones, sistemas bancarios y compañías eléctricas o nucleares. ¿El objetivo? Paralizar un país y llevarlo al caos.

La OTAN libra una batalla silenciosa y secreta en la Red. Su misión: prevenir, vigilar y, si es necesario, responder ante un ataque ciberterrorista. El cuartel general de estos cibersoldados no está en Washington ni en Londres o París, sino en Tallin.

Texto y fotos: Luca Locatelli

Martes, 28 de junio 2022, 14:22

Un código de software es un arma, igual que un misil». El teniente coronel Néstor Ganuza, que fue durante cuatro años jefe de Adiestramiento del Centro de Ciberdefensa de la OTAN en Estonia, define así el actual escenario de guerra. «Nuestros enemigos han cambiado: las armas han cambiado, todo ha cambiado». Uno de los primeros países en darse cuenta de ese cambio fue Estonia. En abril de 2007, este pequeño Estado de poco más de dos millones de habitantes decidió ‘desafiar’ a la vecina Rusia, de la que se había independizado 16 años atrás. Iba a retirar un último vestigio soviético, una estatua de dos metros de altura de un soldado del Ejército Rojo. El entonces ministro de Defensa, Jaak Aaviksoo, recibió inmediatamente una advertencia del Kremlin: «Este gesto, si se produce, tendrá consecuencias desastrosas para el pueblo estonio».

+ Quizás te interese

Anne Neuberger

La mujer que protege a EE.UU. de un ciberataque

El primer ciberataque contra un estado

El ministro se preparó para responder a eventuales lanzamientos de misiles o ataques aéreos por parte de la antigua madre patria. En cambio, resuelta alguna ... que otra protesta de la minoría rusa, no pasó nada. Unos días después, Aaviksoo se dio cuenta de que su ordenador hacía cosas raras. no podía conectarse a la intranet del sistema gubernamental. Llamó al responsable de tecnología del Gobierno y supo lo que estaba sucediendo: «Todos los servidores gubernamentales se han caído. Y también bancos, periódicos, medios de comunicación: no funciona nada».

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
Suscríbete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas más ventajas

Sobre la firma

Texto y fotos: Luca Locatelli

Más de XLSemanal

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

hoy Los cibersoldados de la OTAN: la batalla silenciosa