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Emprendimiento social: empresas que apuestan por el bien común

Un nuevo modelo de negocio

Emprendimiento social: empresas que apuestan por el bien común

Elena Betés, directora general de Dide.org, una plataforma orientada a la detección temprana de trastornos del aprendizaje.

El dinero puede dar la felicidad, pero ganarlo mientras ayudas a los demás no tiene precio. A eso se dedica una nueva serie de empresas comprometidas con el llamado 'emprendimiento social'. Serán las protagonistas del próximo evento NextSpain, el 12 de junio en Murcia.

Miércoles, 19 de Junio 2024

Tiempo de lectura: 4 min

Sé lo que cuesta llegar. Con 11 años no sabía leer. Iba a tercero de EGB y memorizaba las palabras. Hasta que me diagnosticaron dislexia… He trabajado muchísimo para demostrar que no era tonta», confesaba Elena Betés en 2021 en una entrevista con XLSemanal. No imaginaba el impacto de sus palabras en miles de lectores. Y en ella misma. «Fue una inspiración. Cuando vi la repercusión de aquel artículo, la gente que me contactaba porque se sentía identificada o porque sus hijos pasaban por una situación similar, supe que debía hacer algo para mejorar las vidas de muchas familias», cuenta.

Este movimiento surge en la Unión Europea y el Reino Unido. En España ha cristalizado en una nueva figura jurídica: las sociedades de beneficio e interés común (SBIC).

Betés (madrileña, 44 años) es una de las emprendedoras más exitosas del país. Fundó Rastreator, un comparador de seguros muy popular, pero siempre ha presumido más de sus fracasos que de sus éxitos. «Si no te caes, no aprendes. Una vez falló una ronda de financiación y me vi con un bebé en brazos y en quiebra. Ese momento fue clave porque me hizo madurar. No me rendí. Las empresas son solo vehículos de inversión; lo que importa son las personas».

La empresaria es directora general ahora de Dide.org, plataforma orientada a la detección temprana de trastornos del aprendizaje. «Entre el 20 y el 30 por ciento de los niños se enfrenta a problemas en su etapa escolar. Nuestra aplicación identifica los 35 indicadores académicos, emocionales y de comportamiento que afectan al potencial de alumnos de 3 a 16 años. Este proceso nos permite detectar indicios de dislexia, TDAH, depresión…», explica.

No es una ONG. Cada estudio personalizado cuesta 55 euros y solo es una herramienta para que los padres puedan buscar ayuda profesional. Pero el (legítimo) ánimo de lucro es una de las claves del emprendimiento social, que se afianza como un nuevo modelo de negocio. Tanto que hasta 2022 no existía en el marco legal español. Es un movimiento que surge en la Unión Europea y el Reino Unido, y del que España ya es punta de lanza gracias, sobre todo, a la iniciativa ciudadana.

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De Murcia a Nueva York. Navilens, con sede en Espinardo (Murcia), está implantando su avanzada tecnología de señales en el metro de Nueva York. Se trata de una evolución de los códigos QR, basada en realidad aumentada, que permite a los usuarios con algún tipo de discapacidad visual orientarse y acceder a información en tiempo real.

Y que ha cristalizado en una nueva figura jurídica: las sociedades de beneficio e interés común (SBIC). Por definición, «se trata de compañías que, voluntariamente, persigan obtener, en el ejercicio de su actividad empresarial, un beneficio social y/o ambiental, además de un beneficio económico». Ya compiten con sociedades anónimas, limitadas, start-ups… Aunque estas tengan sus propias agendas sociales.

Un horizonte de transformación

El enfoque es tan disruptor que carece de un reglamento que, entre otras funciones, evite que sus intereses entren en conflicto con las asociaciones del ámbito tradicional de la solidaridad. De momento, se habla de empresas «con propósito», sin entrar en detalles.

Se les pide, no obstante, que estén alineadas con la Agenda 2030 de Naciones Unidas, que establece un horizonte de transformación común a todas las economías en materia de acción por el clima, pobreza cero, educación universal, cuidado de la infancia y de los mayores, sociedades inclusivas, ecosistemas, salud, derechos humanos… Pero no que renuncien a ganar dinero.

De hecho, cada vez hay más estudios que apuntan a que el propósito social no solo es rentable, sino que puede ser una ventaja competitiva. Según la consultora Deloitte, ocho de cada diez millennials prefieren productos y servicios que mejoren nuestras vidas… Y que, por el mismo precio, cuiden también del planeta. Más allá del rendimiento financiero, las nuevas generaciones premian a las empresas que asumen un liderazgo social en tiempos de incertidumbre.

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Talento rural. AlmaNatura impulsa la creación de empleo en la España vaciada, con el foco en pueblos de menos de mil habitantes. «Colaboramos con gente que o bien quiere teletrabajar, o bien crear una empresa –explica Juan José Manzano–. Los beneficios se destinan a proyectos culturales y educativos porque el empleo no basta para fijar población».

Los ejemplos inspiradores abundan… La biotecnológica murciana Naturbec ha sido incluida en la lista Foodtech 500, selección mundial de empresas con mayor impacto positivo en la agricultura y la alimentación. Fue elegida, entre más de 9000 compañías de 80 países, por su investigación en fertilizantes sin química y otros productos ecológicos basados en algas y microorganismos.

Por su parte, Auara es una empresa social que financia proyectos de potabilización y pozos en zonas necesitadas a través de la venta de agua mineral embotellada. Ya ha desarrollado 134 infraestructuras en 23 países que dan acceso a agua potable a 104.000 personas.

En el área del reciclaje, una de las ideas más originales es la del papel plantable, de la barcelonesa Gloria Gubianas, cofundadora de Sheedo. En esta plataforma se comercializan tarjetas de regalo, de visita, posavasos y otros productos de papelería que contienen semillas. Una vez utilizadas, se pueden plantar en una maceta y darles una segunda vida. «Hemos cambiado el papel de usar y tirar por el de usar y plantar», resume Gubianas, convertida ya en un referente de moda sostenible con su plataforma Hemper, de prendas hechas con cáñamo salvaje y métodos tradicionales por familias y comunidades con recursos limitados en Nepal. Como dijo el premio Nobel Muhammad Yunus: «Ganar dinero te hace feliz y eso es un gran incentivo, pero no tanto como ayudar a que otros sean felices».

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