La Voz de Galicia

Sáhara

Vigo

Eduardo Rolland

01 Dec 2017. Actualizado a las 05:00 h.

Mañana despega de Peinador un avión que llevará a 115 personas con 400 cajas de equipo solidario. Su destino es un lugar en medio de ningún sitio: lo peor del desierto, un pedregal inhóspito sin rastro de vida en kilómetros a la redonda. Allí viven, desde hace más de 40 años, los refugiados saharauis que tuvieron que huir de su país, tras ser invadido por Marruecos en 1975. Más de 100.000 personas que se mantienen en pie con gran dignidad y sobreponiéndose con imaginación a dificultades indescriptibles.

Visité los campos hace unos años y es casi imposible no echarte llorar. No hay derecho a obligar a un pueblo a vivir en esas condiciones. Y da vergüenza el papel que tuvo España en 1975, al igual que el cambalache político que ha permitido que la antigua potencia colonial ignore lo que sigue sucediendo. Por fortuna, una vez más, es la sociedad civil la que responde, como en el caso de la ONG Solidariedade Galega co Pobo Saharaui, que preside la incansable Maite Isla. Su labor es admirable no sólo por estos viajes antes de Navidad, para llevar ayuda humanitaria. Sobre todo, lo es por el programa Vacaciones en Paz, que permite a cientos de niños cada verano venir a conocer que sale agua de los grifos. Es impresionante el día que ves a un chaval saharaui por primera vez ante una piscina, pero especialmente el día que contemplan el mar. Porque su país tiene mar. Pero los pequeños saharauis no lo conocen, porque les han obligado a vivir en medio de la nada.

Es bonito saber que sigue habiendo gente solidaria como quienes mañana vuelan a Tinduf. Pero es responsabilidad de todos no olvidar nunca el drama humano del Sáhara.


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