El mayor espectáculo de Vigo
Vigo
Decenas de personas acuden cada día a Vía Norte para observar cómo evolucionan las obras de construcción de la nueva estación de trenes
16 Jun 2013. Actualizado a las 07:00 h.
No hay actividad laboral en Vigo que tenga tantos agentes voluntarios del departamento de Supervisión y Control que las obras de la nueva estación de tren. Una pena que no estén contratados, porque muchos de ellos están allí, precisamente, por carecer de nómina alguna. Parados y jubilados han encontrado en la curva de Vía Norte una actividad interesante y gratuita en la que además, si se quiere, se pueden hacer amigos y cruzar comentarios.
Hubo épocas en las que había hasta cartelera de espectáculos. «Los lunes, explosivos», anunciaban con un cartel desde la propia empresa para avisar del peligro a los curiosos. Pero era peor. Aumentaba la audiencia.
Aquí se habla con la misma naturalidad de capas freáticas, zapatas, encofrados o tuneladoras que en la tienda de enfrente del precio de las cerezas o el sabor de las fresas de este año. Luis es uno de los asiduos. Trabajó durante más de 30 años en Suiza, en diversos puestos en el aeropuerto de Zurich, y hace cinco se le ocurrió volver. «La peor idea de mi vida», reconoce. Desde entonces no ha conseguido trabajo y mata el tiempo observando la evolución de las obras junto a su perro. «A ver, qué voy a hacer. No voy a estar todo el día tomando vinos», razona. Todo encuestado manifiesta que la barandilla de Vía Norte tiene un atractivo singular y además te dan datos sobre los horarios en los que hay más quorum. «A partir de las 9 de la mañana ya hay gente. A la una desaparecen y la hora punta es entre las 5 y las 6 de la tarde», asegura uno de los expertos. Pero también hay renegados. Buena parte de los que otean el horizonte, hombres en un 99 %, aseguran que es la primera vez que se paran un rato allí.
Desde que empezaron a deshacer la antigua estación ha habido incluso cambios de posición estratégica en el balcón con vistas a la ría. El movimiento estaba al principio en la esquina de Urzaiz con Vía Norte, que fue donde empezó todo, y el principio fue el desmontaje de la antigua estación y el destierre que trajo como consecuencia un desfile de cientos de camiones al día que obligó a habilitar un carril hacia la autopista por Lepanto que aún sigue vigente.
Antiguos ferroviarios
Ahora el meollo está donde más máquinas y operarios ejecutan a la vez su coreografía edificante. «Los que hemos sido trabajadores nos gusta ver cómo trabajan los demás», explica uno de esos que dice que pasaba por casualidad.
Uno de los que sigue con fidelidad la obra es Carlos G. Él tiene más razones que los demás para ello. Es jubilado, pero jubilado de Renfe. Un ERE le adelantó el retiro y ahora se dedica a la fotografía. «Disparo a todo lo que se mueve», asegura. Carlos, de origen monfortino, como buen ferroviaro, hace un seguimiento en imágenes de cómo va cambiando el perfil de la zona en la que además, reside desde hace 25 años. Y opina que podían ir más rápido, pero también lo justifica «porque ha sido un invierno muy duro en el que se han pasado días y días achicando agua». El exferroviario, que ha pasado por múltiples tareas, desde la de factor a trabajos de oficina, se queja de que «no nos han dejado a los ciudadanos ver las maquetas de esta obra que finalmente no sabemos en qué quedará tras los recortes realizados desde que se anunció el macroproyecto».
Carlos entiende de obras y se fija en cómo va cambiando el perfil de la zona cero. Habla de zapatas y sistemas de drenaje. Justo lo contrario que Pancho, ourensano que lleva 43 años en Vigo y estrena su condición de prejubilado «de la mejor empresa del mundo, Froiz», dice asomándose a la obra del siglo en Vigo sin saber nada del asunto. «Tengo que matar el tiempo en algo después de levantarme durante 40 años a las 6.30 de la mañana», justifica. El hombre trata de cogerle el gusto a una de las actividades favoritas de los que alcanzan el retiro, pero no da con el interlocutor adecuado. «He preguntado varias veces y cada uno me da una versión sobre lo que están haciendo, así que observo y ya está».
Obreros
En la otra esquina de Vía Norte, en el mirador con escaleras a la plaza de la estación, que está completamente abandonada por el Concello, una pareja de ancianos otea el horizonte. Debajo, unos obreros descansan en su hora de la comida. «¿Ves a aquellos pequeñitos?» ?dice ella señalando a un grupo de obreros que no son pequeños, sino que están lejos?, «pues son los que más trabajan, y mira, ahora ya no van de restaurante. Comen de fiambrera, como antes. Aquí tenían que venir a ver los que dicen que no hay chollo, que cojan el sacho y se dejen de tonterías», dice María Teresa. Y sobre el proyecto de la estación advierte: «Espero que no sigan con la idea de hacer un gran centro comercial, porque todos fracasan».