La Voz de Galicia

Días de vino y oro

Vigo

La Mirilla

04 Aug 2005. Actualizado a las 07:00 h.

Es el argumento (bien de peso, por cierto) que ha dado la Asociación de Médicos Gallegos para concederle su insignia de oro a Julio Fernández Gayoso. El director general de Caixanova se sumó ayer a la selecta nómina de galardonados con tal distinción, en la que ya figuran, entre otros, Isaac Díaz Pardo, Joaquín Arias y Díaz de Rábago, Manuel Fraga o Rouco Varela. La insignia en cuestión se concede siempre a alguna personalidad gallega «que haya trabajado con intensidad por el desarrollo cultural o científico de Galicia, y cuya labor se haya traducido en resultados beneficiosos para la sociedad». El encargado de imponérsela a Gayoso fue el presidente de la Asociación, Francisco Ruza, quien se detuvo en destacar el apoyo generoso que siempre han recibido por parte de Caixanova. Dicho apoyo se ha hecho particularmente palpable en el caso de los premios Nóvoa Santos, que este año alcanzan su décima edición. Arropado por representantes de instituciones políticas (Corina Porro, María Luisa Graña, Enrique Vieites...), empresariales (Fernández Alvariño) y, por supuesto, sanitarias, Gayoso afirmó que este tipo de reconocimientos son un estímulo para Caixanova, «que nos anima a seguir trabajando con mayor ahínco y más pasión». La Asociación de Médicos Gallegos nació hace once años con el objetivo de promover la comunicación y las relaciones interprofesionales y humanas entre los asociados, además de fomentar las relaciones con las universidades gallegas y potenciar la formación científica. Está integrada por más de un centenar de médicos cuyo denomador común es haber nacido en Galicia (o estar vinculado a ella por lazos culturales o educativos) y trabajar fuera de la comunidad, a la que vienen a poco que puedan. Es lo que tiene la morriña. No es una adivinanza, sino una invitación. La hace la Denomición de Origen de aquellas verdes tierras lucenses, a propósito de su muestra anual de vinos. El presidente del Consejo Regulador, José Manuel Rodríguez, me daba ayer algunas pistas de por qué han elegido Vigo como escaparate. Para empezar, somos los vigueses unos grandes consumidores de sus productos y, para seguir, tenemos un gran potencial para serlo aún más. Pero, ojo, no confundir la elección de escenario con una mera apuesta económica. Porque, según José Manuel, lo primordial es reconocer la fidelidad de los consumidores. «Son nuestra razón de ser; sin ellos no conseguiríamos nada». Desde luego, es una sabia reflexión, que algunos tendrían que copiar. La traducción de este primer mandamiento que se han fijado en Ribeira Sacra viene siendo «apostemos por la gente que apuesta por nosotros». Precisamente con la intención de involucrar un poco más a los visitantes, se desarrollarán una serie de actividades, que incluyen, además del recorrido por el túnel del vino, cursos de iniciación a la cata y degustaciones. Siempre de la mano de expertos, para garantizar el aprendizaje. Los maestros elegidos son los enólogos Mar Vilanova y Julio Ponce, y los sumilleres Xoán Torres Cannas (Nariz de Oro) y David Barco (campeón gallego). Los que sólo estén interesados en degustar, que sepan que, con tal fin, no pararán de descorchar botellas entre las 12.30 y las 15 horas, y entre las 19 y las 22. La Denominación Ribeira Sacra se creó en 1996, cuenta con un centenar de bodegas y produce cada año alrededor de 3,3 millones de botellas. Seguro que algunos cientos de ellas se abrirán hasta mañana en la Mostra. Chin-chin. Otros (vinos) han llegado más lejos. En concreto a Japón donde, en el transcurso de una comida que organizó el embajador de España con ocasión de un viaje institucional del Principado de Asturias, se sirvió albariño Fillaboa. Además de Álvarez Areces, asistió al almuerzo la princesa Takamado. Quién sabe si a partir de ahora la corte del Crisantemo no se sumará a la lista de habituales de los vinos Rías Baixas, de los que, por cierto, ya es una gran forofa nuestra Casa Real como quedó demostrado en la boda de Don Felipe. Amén.


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