«Decide tú, el Dépor es tuyo»
Torre de Marathón
La crítica situación exige que los accionistas releven con urgencia el consejo
02 Nov 2013. Actualizado a las 11:37 h.
El Deportivo vive sus momentos más dramáticos. La semana que viene acaba el plazo de presentación de propuestas de convenio, con Lendoiro intentando que se firme un acuerdo bajo una premisa fundamental para él: que le permita eludir las responsabilidades que podrían depurarse con una quita superior al 33 por ciento. Bueno para él, malo, malísimo, para el Deportivo. Por eso, los candidatos a ocupar la presidencia del club quieren algo tan sensato como adelantar las elecciones para que el nuevo presidente ocupe ya el cargo antes de la firma del convenio el 10 de enero.
¿Por qué hay que agilizar el proceso?
Los plazos se acaban. La semana que viene, concluye el plazo para la presentación de propuestas de convenio. Y el 10 de enero se celebrará la junta de acreedores, de la que saldrá la firma del citado convenio o la liquidación del club. En juego está la supervivencia. Y el sentido común. Hay que dar a quien sea el próximo presidente la posibilidad de poder decir algo en un momento tan crucial. La nueva directiva se puede encontrar atada de pies y manos si Lendoiro saca adelante su convenio. El tiempo es oro y urge que los accionistas sean los que se pronuncien.
¿De quién es el Deportivo, de Lendoiro o de los accionistas?
En 1992 se procedió a la transformación de los clubes de fútbol en sociedades anónimas deportivas. Entonces, en un momento crucial en la historia del Deportivo, la afición dio una emocionante respuesta. Alrededor de quince mil personas se gastaron sus pesetas en acciones. De esta forma se dio un caso único en España. Mientras casi todos los clubes pasaron a ser propiedad de unos pocos, el Deportivo se convirtió en patrimonio de todos. Hoy en día, aquellos quince mil accionistas han pasado a ser veintidós mil.
Esta peculiaridad y a la vez orgullo del Deportivo fue aprovechada por Lendoiro para, de facto y sin apenas invertir dinero (tiene poco más de doce mil euros), convertirse en una especie de señor feudal del club. Ha vivido como un marqués a costa del dinero blanquiazul, ha colocado a sus hijos y familiares, ha cobrado un sueldo obsceno, y ha utilizado el Deportivo para sus fines políticos amén de como arma arrojadiza contra el discrepante. Ha cometido multitud de irregularidades y no ha dado explicaciones a los accionistas en las juntas a pesar de estar obligado a ello. Lendoiro es un propietario más de esos veintidós mil, aunque en realidad ha actuado y actúa como si fuera el único dueño.
Pero la verdad es otra. El Dépor es de todos. Recientemente, un conocido coruñés y deportivista charlaba con otro aficionado resignado, que le preguntó:
-¿Qué podemos hacer ante este lío?
-Decidir. Decide tú, el Dépor es tuyo. El Dépor es de los accionistas, no de Lendoiro.
¿Por qué Lendoiro no acelera los trámites?
Lendoiro está jugando sus bazas. Bajo la principal premisa de eludir responsabilidades por la quiebra del club, está dilatando todos los procesos. Así, entró tarde en concurso de acreedores y agravó la situación con una deuda de más de 26.000 millones de pesetas. Y ahora, no se percibe ningún movimiento para agilizar la renovación del consejo. Dada la situación crítica que se está viviendo, lo normal sería dar paso a las urnas, para facilitar estabilidad en un momento tan delicado.
Pero la forma de actuar de Lendoiro da la razón a quienes piensan que lo único que hace es entorpecer todo el proceso para alargar su presencia en el club y que nadie interfiera en el convenio que, con la ayuda de Tebas, está a punto de presentar. Un convenio que podría ser la muerte del club, sin haber alcanzado un acuerdo con Hacienda y que hipotecaría al Deportivo hasta casi el 2050.
Lendoiro no quiere ni oír hablar de una quita superior al tercio de la deuda, porque entonces se abriría la denominada pieza de calificación y se depurarían responsabilidades. Es decir, las irregularidades que Lendoiro ha cometido y que son bien conocidas, pasarían el tamiz de la justicia, con lo que de ser considerado culpable podría tener, incluso, que responder con su patrimonio del daño causado a los acreedores y al club.