La Voz de Galicia

Muy buen rollo canoro

Televisión

M. A. Fernández redacción

Crónica | Segunda gala de «Son de estrelas» «Son de estrelas» será una mina para la Televisión Galega. Canten mal o bien, los concursantes hacen gala de una cordialidad que en pantalla siempre se agradece

04 Mar 2007. Actualizado a las 06:00 h.

La segunda gala de Son de estrelas confirmó dos cosas -y que disculpen los concursantes, buena gente-: lo consolador es que, en cuestiones canoras, quienes berreamos en la ducha no lo hacemos tan mal, pero sobre todo, y es lo bonito, la gente del común tiene muy buen rollo. Eso de la crispación, de los dimes-diretes, de los botaporelas contumaces, en fin, toda esa fauna homínida que practica a diario con desmedido entusiasmo, el deporte del cabreo-mosqueo, no cabe en Son de estrelas , o mejor aún, sobra en el país de sus aspirantes a estrella. No es papeleta nariguda para este comentarista, comentar esta antítesis de Operación Triunfo . Allí olía a naftalina de diseño, a estrellitas de celofán, a gente de buena voz sí, pero que, quizá ajeno a la voluntad de sus participantes, transmitían al personal valores tan ambiguos como que, para arrasar en la vida, bastaba con cantar y ser gente guay , todo convenientemente amañado entre bambalinas. Se trataba de ganar audiencia y de transmitir una (in)cierta imagen de que todos eran Alicia y, España, una maravilla. Son de estrelas no va por ahí. Transpira realidad, quizá el país real emigrado de las pantallas de la Galega en años anteriores. Tíos y tías que se ganan la vida de tropecientas maneras, pero que se la estudian o se la curran, o sea, el tajo primero y el cante después. Espectáculo vivo La segunda jornada tuvo momentos flipantes. Al margen de que algunas voces fueron más buena voluntad que otra cosa, lo cierto es que dieron espectáculo, vivo, sanote, adecuado a un sábado noche. Sin desmerecer a nadie, el momento cumbre estuvo en Dulcia Pérez, 75 años, Baixa Limia, señora como el canon manda, que tuvo como pareja a Xoan Xosé, de Os Ancares, joven maestro gigantón con toda la pinta de cacho de pan grande como un mundo. Soltaron en dueto Un canto a Galicia . Almodóvar los atraparía de un plumazo. Es más, si servidor se ganase la vida como cazatalentos, los ficharía kgandoleses , porque mandarían sobre un escenario. Incluso animaría a Dulcia a mantener en el repertorio su cántico a la Virgen, un puntazo. En serio, Son de estrelas será una mina para la Galega. Y si finalmente se le resiste la audiencia en la noche sabatina, es porque este país venera con avaricia a Rompetechos, el entrañable personaje de Ibáñez que no veía un pijo, pero siempre se salía con la suya. De verdad, con cariño, estos aspirantes a estrellas, tienen algo de frikis encantadores, tan reales como vivos, tan divertidos como dignos. Canten bien o mal, sean flacos o adiposos, hermosos o mutantes, lo suyo es buen rollo canoro. Y el buen rollo siempre se agradece.


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