Los otros son los que inventan
Sociedad
Científicos españoles analizan el retraso investigador del país Han pasado muchos años desde que Unamuno pronunció aquella fatídica frase de «¡Que inventen ellos!». Pocas cosas parecen haber cambiado en España desde entonces
16 Jul 2006. Actualizado a las 07:00 h.
La investigación sigue siendo una de las asignaturas pendientes en España, un país que invierte menos que la mayoría de sus vecinos en el desarrollo científico y que todavía ve cómo sus talentos más brillantes emigran en busca de oportunidades para desarrollar su potencial. Esta es una de las conclusiones que se extraen de la lectura del informe Radiografía de la investigación pública en España , un estudio coordinado por dos de los pesos pesados del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): Jesús Sebastián, vicepresidente de política científica de la institución, y Emilio Muñoz, presidente de ésta en los años ochenta. Ambos se desplazaron a Santiago hace unos días para presentar el libro, propiciando un encuentro con algunos de los responsables de la política científica gallega: Salustiano Mato, director xeral de I+D; Rogelio Conde Pumpido, director xeral de Promoción Científica; Uxío Labarta, coordinador del Instituto de Investigaciones Marinas; y Xavier Vence, profesor de Economía Aplicada de la Universidade de Santiago y coautor de uno de los capítulos del informe. La cita en un restaurante compostelano dio pie a una conversación en la que los participantes expresaron algunas de sus ideas sobre el estado de la ciencia. El diagnóstico está claro: «Hemos mejorado mucho en los últimos años, pero no estamos donde debíamos estar; España es una potencia económica, está en el grupo de los países desarrollados, pero nuestro sistema de I+D no se ajusta a esa realidad», resume Emilio Muñoz. Más difícil resulta explicar las causas de esta situación; Muñoz apunta a que «a la sociedad española no le interesa la ciencia; aquí lo que se busca es la suerte, el pelotazo, los juegos de azar, pero la idea de invertir en ciencia y esperar años para ver los resultados no resulta atractiva». Su colega del CSIC Jesús Sebastián también alude a las responsabilidades políticas: «En los años ochenta se produjo un impulso de la investigación muy importante, pero se ha ido perdiendo en los últimos años. Y lo que no puede ser es que la política científica dependa del Gobierno de turno». Responsabilidad de todos En este punto, nadie se salva de las críticas. La etapa de Aznar en el Gobierno es considerada estéril por todos los participantes en el encuentro, mientras que el Ejecutivo actual «está haciendo un esfuerzo presupuestario, pero no organizativo; están gastando más dinero, pero no saben qué hacer con él», señala Jesús Sebastián. En este punto, Rogelio Conde Pumpido interviene para subrayar que «falta unha política de Estado que sosteña as políticas autonómicas; a maioría das comunidades o que fan é seguidismo da política estatal, cometendo os mesmos erros e sen que ninguén coordine as súas actuacións». En el esfuerzo por buscar las causas del atraso científico español, Xavier Vence se remonta más atrás y asegura que España «está pagando as consecuencias da falta dunha política científica entre 1936 e 1980; ademais, a economía creceu por riba da capacidade tecnolóxica, fallou a pata das aplicacións industriais, e as empresas tampouco asumiron a súa cuota de responsabilidade no sistema de I+D». Pero no solamente el Gobierno central o el sector privado están en el punto de mira. También las comunidades, que no sólo han repetido los errores del Estado, sino que han desaprovechado buena parte de los recursos europeos. «Estamos ante a última oportunidade para España e para Galicia de situarnos no lugar que nos corresponde», asegura Salustiano Mato, para quien la solución pasa por una coordinación inteligente entre las comunidades para aprovechar el potencial estratégico de cada una de ellas. Un objetivo que implica reformar el marco legislativo: la Ley de la Ciencia de 1986 está «obsoleta» y «caduca», según la opinión unánime de los contertulios, que también se muestran partidarios de un relevo en el Ministerio de Educación y Ciencia e incluso de la creación de un departamento específico para la investigación. Quizás así, la frase de Unamuno pasaría definitivamente a la historia.