La fibra sensible del campeón
Pontevedra
30 Oct 2007. Actualizado a las 02:00 h.
Dice Óscar Pereiro que él no es de los que suele dar rienda suelta a las emociones. Más bien, se contiene. Sin embargo, reconoce que lleva una racha en la que le están consiguiendo tocar «la fibra sensible». Primero fue el acto en el que le impusieron el maillot amarillo de vencedor del Tour 2006 año y medio después de requeteconfirmado dopaje de Floyd Landis. Y segundo, en la visita que ayer realizó a los alumnos del Centro de Educación Especial Príncipe Felipe, que le recibieron como a un héroe y de la que salió afirmando que había aprendido «una lección en la vida». «Ha sido una experiencia muy bonita -subrayó antes de abandonar el centro-. Al final te das cuenta viendo a estos niños lo importantes que somos para que se integren en la sociedad... Aparte de disfrutar con ellos y ver que se están emocionando mucho conmigo, yo también aprendo y veo muchísimos valores. Si no tienes cerca a una persona con alguna discapacidad, te olvidas de que hay muchísima gente en su situación. Y te ayuda a recapacitar que la vida hay que vivirla, disfrutarla y cuando veamos a alguien con una discapacidad, hay que darles si cabe más cariño, porque si algo admiro de ellos es la gran capacidad que tienen de superación cada día, es una buena inyección de estímulo».
Los chavales del centro llevaban varios días preparando esta ilustre visita y recibieron a Pereiro con el We are the champions, de Queen, y con una pancarta en la que se podía leer Óscar Pereiro, o mellor do mundo enteiro. Para presentarlo, una de las alumnas recitó una poesía compuesta por los propios chavales y, de seguido, comenzó la batería de preguntas, a las que el ciclista respondió con humor y naturalidad. Por ejemplo, a la de qué querría ser de mayor: «¿Funcionario?». «Llevo en el ciclismo desde los 17 años y nunca me paré a pensar -comentó-. Dejé de estudiar muy joven, algo que no se debe hacer». Gracias a estos curiosos reporteros, sabemos más cosas del primer campeón gallego del Tour, como por ejemplo que empezó a andar en bici a los tres años, que entrena seis o más horas al día con desplazamientos por toda la provincia, que su bicicleta pesa 6,8 kilos, el límite que marca la Unión Ciclista Internacional (UCI), o que tiene una lucha bastante seria con la nevera para mantenerse, pero todo es cuestión de fuerza de voluntad. Es más, en tiempo de descanso, como el que ahora disfruta, suele ganar unos kilos, pero el hecho de trabajar y entrenar sólo «sin que nadie me vigile» le da mayor responsabilidad a la hora de controlarse. «Creo que con el atletismo, este es el deporte con mayor espíritu de sacrificio», reconoció. Prueba de ello es que en una prueba como el Tour «todos sufrimos»: «Hay días en que te tienen que ayudar a bajar de la bicicleta y otros en que te bajas tranquilo». Pero para él, comentó, sería igual de duro «estar sentado seis horas en un pupitre».
Rubén, uno de los alumnos, le preguntó a Pereiro cuál era su prueba favorita. Y no crean que primero dijo el Tour, pues no. Sorpresa: «La Vuelta a Galicia, pero como no se hace...», un comentario que fue seguido de un fuerte aplauso. «Es una carrera que cuando era pequeño veía y decía a ver si la puedo correr... -señaló-. Aunque el Tour es la que me está dando más. Llevo cuatro años allí». Y eso que es consciente de que, como ciclista, no tiene las mejores condiciones para volver a ganar en Francia. Fuera ya del acto, reconoció que «no hay un ganador del Tour tan malo como yo en cuanto a características, sin embargo intento conseguirlo a base de superación». Lo mismo, dijo, pasa con la contrarreloj del campeonato del mundo: «Con mis 76 kilos no tengo nada que hacer, aunque correrla es una experiencia muy bonita».
En su tiempo libre, además de disfrutar de la familia y los amigos y de actos como el de ayer, le gusta jugar a la PlayStation o ver fútbol -el Celta y el Madrid son sus equipos-. Otro alumno, Víctor, se interesó por la opinión del deportista sobre la ciudad pontevedresa. «Me parece superbonita -indicó-. Se puede aparcar e ir andando al centro, hay muchas calles peatonales y una zona vieja espectacular. Es un modelo a seguir». Antes de marcharse, Pereiro recibió como regalo de los chavales un maillot amarillo especial, en el que le dejaron sus cariñosos mensajes, así como un ramo de flores de esos que reciben los ciclistas, pero de papel, así como un dosier sobre las actividades desarrolladas en el centro. El deportista, por su parte, dejó un autógrafo para «todos mis amigos» del CEE Príncipe Felipe, unos nuevos amigos que se despidieron de él a grito de «Hip, hip, hurra», y subrayando, en boca de su directora, Mari Carmen Bértolo, que después de conocerlo en persona, les gustaba aún más.
Ahora, Óscar Pereiro sólo quiere recuperar la ilusión por montar en bicicleta en los tres años que dice que le quedan de carrera deportiva. Algo que casi perdió con tanta espera por la decisión del Tour 2006 -por cierto que a los alumnos les dijo que no ha dejado de ser amigo de Landis-. «Quisiera recuperar esa ilusión y el año que viene estar delante y disfrutar con las carreras». Pero no les sorprenda si cualquier día ven que cambia su afición por la vela. Después de probar este pasado fin de semana en Arousa, reconoce que la experiencia le ha parecido «espectacular». «Yo pensaba que se podía ir en un barco con tu cervecita y tu empanada, y de maravilla -ríe-. Y no, hay que currar, hay que currar y estar muy ágil». Aseguró que repetirá. Y seguro que va sobre ruedas.