Que vuelva axiña doña Necesidad
Opinión
04 Jul 2020. Actualizado a las 05:00 h.
Partiendo de una idea de Goethe -«la ley puede mucho, pero la necesidad puede más»- aproveché las forzadas decisiones adoptadas en la crisis de 2008-2013 para inventar el pedagógico personaje de doña Necesidad, a la que ya entonces le atribuí la capacidad de cambiar el egoísmo inicial de la UE -el «sálvese quien pueda» que proponían los líderes menores y los países al borde de la quiebra-, por una estrategia de disciplina, solidaridad y gobierno, que ni los más acendrados europeístas habían soñado, y que se llevó a cabo sin cambiar el Tratado de la UE.
Estoy convencido de que esta vez volverá a pasar lo mismo, y que, después de algunas butades y cabriolas de los líderes menores, volverá doña Necesidad -la líder indispensable en todas las algarabías-, a tomar los mandos de Bruselas, para que, aprovechando el brebaje de euros recién impresos que puede curar los achaques que padecemos, podamos darle otra vuelta de tuerca a la traviesa gobernanza europea. Y eso significa que pronto veremos tomar importantes decisiones, centradas en el orden y la disciplina de las finanzas y en la homologación de las formas y los derechos democráticos, que nadie va a discutir, porque nadie está en condiciones de poderlas cuestionar.
Todo indica que la salida de la crisis va a ser bastante parecida en todos los países de la Unión Europea , aunque el camino que tenemos que recorrer es bien distinto. La diferencia no la marcará la meta, como suele suceder, sino la salida. Porque cada participante inicia su carrera en distinta situación, y porque, aunque los efectos de la pandemia fueron similares en toda la UE -con fuertes caídas del PIB y del empleo, y una parálisis inaudita de los sistemas productivos-, la situación del orden político y de las finanzas del Estado varía desde los países que tienen una salud de hierro y todos sus deberes hechos, hasta los que llevamos cinco años mareando la perdiz de la política, aumentando el desajuste fiscal, endeudándonos hasta las cejas, y diseñando políticas populistas que creen que el presupuesto, en vez de tener dos columnas esenciales -ingresos y gastos-, tiene una sola, que es el despilfarro.
El ingreso, pensamos aquí, solamente preocupa en Alemania, Holanda y tres países más, porque tienen una cabeza más cuadrada que una urna, y aún no se han enterado de que, para la inmensa mayoría de los votantes, el Estado es infinitamente bueno, justo, poderoso y eterno, y no necesita perder el tiempo en algo tan contaminante y vulgar como es la Hacienda pública. Por eso resulta alucinante constatar que la mayor preocupación de nuestro Gobierno sigue siendo explicarle a Europa que lo esencial es el gasto -porque da votos-, y que el ingreso solamente es un rollo patatero que esteriliza y desluce la acción de los genios que se preocupan por salvar a la gente y velar por su bienestar.
También asusta pensar que incluso Ciudadanos y el PP han picado, no en el anzuelo, que pesca con cebo, sino en la cucharilla de Sánchez, que destroza la boca sin dar siquiera una miñoca.