La Voz de Galicia

La China que viene

Opinión

CARLOS G. REIGOSA

17 Mar 2005. Actualizado a las 06:00 h.

EL GOBIERNO chino aumentó oficialmente un 38,8% su presupuesto militar en los últimos tres años y acaba de anunciar un incremento del 12,6% para el 2005. Se trataría de unos porcentajes normales si no fuese porque la cifra real es, en realidad, unas tres veces superior, ya que ese presupuesto no incluye la compra de armamento, ni la investigación y desarrollo de armas, ni siquiera la formación. En verdad, sólo estaría destinado a modernizar los equipamientos y mejorar la operatividad y las condiciones de las tropas (pagas y beneficios sociales). Lo que quiere decir que, en términos reales, se podría estar hablando de un incremento por encima del 35% para este año. Estados Unidos ha dado la voz de alarma por entender que el rearme chino supone una amenaza para sus fuerzas en el Pacífico asiático y quiebra el equilibrio en torno a Taiwan. Pero su inquietud no ha tenido un especial eco entre sus socios de la OTAN. La Unión Europea ni se ha dado por enterada ni parece advertir ningún riesgo en el hecho de que, antes de quince años, China se vaya a convertir en la primera potencia militar de Asia. Está claro que los que sueñan con que la UE sea sólo un contrapeso al poderío americano no consiguen ver más allá de lo que esta miope ambición permite, ignorando que el mundo ya no es cosa sólo de EE.?UU. y de Europa. China se prepara para abrirle los ojos a muchos. Ojos de sorpresa, naturalmente. Y no sólo China: también Rusia, la India y Brasil. Por más que se denuncie una unilateralidad militar real, lo cierto es que ya estamos en los albores de un mundo multipolar, y no estaría de sobra que, además de darnos cuenta, los europeos participásemos, con determinación política, en su orientación, definición y desarrollo. La Unión Europea no tiene que ser sólo un contrapeso que modere (y modele) el proceder estadounidense. La UE debe crecer políticamente y actuar en pie de igualdad, pero también debe crecer militarmente. Y la OTAN, si es (como se dice) nuestro paraguas militar, debe fortalecerse adecuadamente. La China que viene, bienvenida sea. Pero que no nos coja por sorpresa y en pelotas. Esa ceguera voluntaria se pagaría cara.


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