Nuestros aeropuertos
Opinión
02 Jun 2004. Actualizado a las 07:00 h.
TRES SON nuestros aeropuertos comerciales, otros dos son deportivos (Lugo y Ribadeo). El mismo número, o mayor, es el que hay en otras comunidades autónomas, y en cuatro de ellas se incrementará con los que están en construcción. Todas las ciudades europeas tienen un aeropuerto adaptado a sus características porque, como ayer fue el ferrocarril y mañana será el AVE, una terminal aérea es hoy un equipamiento imprescindible para el desarrollo de los recursos industriales, comerciales y turísticos de cualquier espacio urbano. Pero en casi todas partes las cosas se hacen racionalmente. En Galicia, en lugar de complementariedades, los aeropuertos han suscitado un discurso arrojadizo de culpabilidades, sin saber interpretar las oportunidades. ¡Claro que podría haber uno solo para todos! Pero para ello las cosas debían haberse pensado mucho antes y hacerlas de otra manera. Por ejemplo, no tienen sentido insistir en la idea del aeropuerto regional y no planificar enlaces directos por ferrocarriles veloces y vías de alta capacidad con todas las ciudades. A pesar de lo dicho, parece que una nueva corriente de aire planea sobre nosotros. Ya se empieza a admitir que lo lógico es dejar las cosas como están. Alvedro, que tiene sus peores enemigos dentro y no fuera, y Peinador, como terminales urbanas para viajes de negocios, de ejecutivos, de empresarios, que sus respectivos potenciales demográficos y económicos requieren y rentabilizan sobradamente. La tercera terminal es la que plantea los problemas y la que genera culpabilidades. Se trata, sin duda, de la terminal más capaz, la mejor equipada, la de mayor centralidad geográfica, pero su área de influencia directa carece del potencial necesario para rentabilizarlo, por lo cual ha de acudir a la demanda regional, posicionándose como aeropuerto regional e internacional para cuya función aportaría economías de escala. La dificultad es doble: alcanzar la demanda necesaria y, sobre todo, la estrategia de concentración de las compañías. El turismo internacional aportaría una solución, pero por ahora no deja de ser testimonial. La captura de nuevos tráficos sería también otro camino. En todo caso, planteadas así las cosas el problema no está en los otros aeropuertos. Ni Alvedro, ni Peinador tienen por qué sentirse culpables, ni Oporto tampoco. Así lo acaban de proclamar públicamente las autoridades del Norte de Portugal, al constatar que también la terminal portuense pierde tráfico internacional porque, como aquí, las compañías lo desvían hacia Lisboa. Y como ocurre siempre que la capital del Duero percibe alguna debilidad competitiva, acude a Galicia para reforzar su posicionamiento frente a su real competidor que es Lisboa. Para Oporto, Galicia es una oportunidad, para nosotros también Portugal lo es; somos por tanto complementarios, al menos coyunturalmente. «Hay que potenciar todos los aeropuertos desarrollando sus complementariedades». ¡Ya era hora que alguien lo dijera! Pero hubiera preferido que fuésemos nosotros, porque para mí tendría mayor credibilidad. En todo caso ese es el camino, más aún desde que nos enteramos que las victorias más sonadas del Dépor se deben a las caminatas de Irureta por la intercesión del apóstol que está en Santiago, aunque su camino -el inglés- no pasaba por Lavacolla.