MATEMÁTICA PURA
Opinión
A TORRE VIXÍA / Xosé Luís Barreiro Rivas
01 Jul 2001. Actualizado a las 07:00 h.
Si le preguntásemos a la gente corriente qué es la Ciencia Política, nos encontraríamos con la desagradable sorpresa de que el 99% no tiene ni idea de tan sonora materia, y que el 1% que se atreve a esbozar una posible definición se limita a decir que no es una ciencia exacta, y que en política todo es opinable. De esta forma, diferenciando entre las ciencias exactas y serias -la Química, la Física y cosas así-, y las ciencias no exactas y cachondas -la Política, la Estética y la Teología-, se da cobertura a la creciente masa de todólogos que, sin haber leído un libro científico en la última década, y alimentando su saber con memorias, crónicas periodísticas y confidencias de restaurante, afrontan el análisis de la vida diaria, de la economía europea, de las sentencias del Supremo y de la boda del Príncipe, sin dar una a derechas, y sin sentir el menor rubor ante las simplezas y burradas que sostienen la arquitectura del discurso contemporáneo. Confirmando esta sospecha, el propio Fraga -que, gracias al Celta, ya sabemos que no fue el gafe de Djukic-, apadrinó a la primera promoción de politólogos formados en Compostela con un memorable discurso, que ponía en duda la existencia de la ciencia que habían estudiado y de la que él fue catedrático, y que remitía sus logros a los clásicos enfoques de la Sociología y el Derecho. «Si se caen los cedros de Líbano -dice el Evangelio- ¿qué pasará con los pobres arbolitos?». Pues pasa que, ante el creciente glamour de lo no exacto, comulgamos a diario con ruedas de molino, sin atrevernos a poner coto a ciertas tomaduras de pelo que están más claras que la alborada de San Juan. Y para que ustedes lo vean, voy a hacerles una demostración de que la política puede ser tan exacta como las matemáticas, y que sólo la ignorancia nos impide aplicar reglas tan contrastadas como el teorema de Pitágoras o la regla de tres. Tomemos, por ejemplo, los clásicos Libros Blancos que el PP nos endilga en cada elección o acontecimiento político singular. Con sólo una ojeada a cualquiera de los numerosos tomos que componen tan prolífica propuesta, veremos que contiene tareas para veinte años, incluidos los bisiestos. Y de ahí que pueda establecerse su eficacia en función de la siguiente fórmula: si cada Libro Blanco vale para veinte años, y nos presentan uno nuevo cada dos, ¿de qué habla el séptimo Libro Blanco que presentaron el sábado Fraga y Arenas?. La respuesta exacta es: salvo que se repitan como las sardinas -que todo pudiera ser- están hablando para los gallegos del año 2126. O sea, ¡para nadie! Y esto, lejos de ser opinable, es, bajo la apariencia de política común, matemática pura y dura. ¡Por desgracia!