El singular éxodo de los Dalton
Lugo
Crónica | Los cambios de residencia de Bernardino y Emilio Varios alcaldes de la provincia donde residieron los polémicos hermanos de Láncara reconocen las limitaciones sociales y de seguridad de que adolecen los concellos
16 Sep 2003. Actualizado a las 07:00 h.
La fama les ha llegado tarde. Bernardino y Emilio R.?G., los dos hermanos conocidos en Láncara por protagonizar varios altercados en quince días y por estar pendientes de varios juicios por agredir a agentes, han alcanzado una popularidad quizás nunca antes deseada. En A Pobra de San Xiao su apodo provoca temor y son más bien pocos los vecinos los que desconocen su singular éxodo por la provincia, al que en el último año se ha sumado también su madre, una anciana de la que no se guarda un mal recuerdo en las parroquias de Luaces (Pol) y Viladonga (Castro de Rei), donde residió buena parte de su vida. Un día antes del pleno extraordinario en el que la corporación estudiará qué posibilidades existen para expulsar a la familia del pueblo, el regidor insiste en la limitación de poder del Concello. Eladio Capón no olvida ni las denuncias ni el clima de incertidumbre que vive el pueblo, pero también reconoce que el Concello se enfrenta sólo a este problema. A día de ayer, ningún responsable de la Subdelegación del Gobierno ni de otro organismo se había puesto en contacto con el regidor, que avanzó que el acta del pleno será remitida a las autoridades con competencia sobre este asunto. Eladio Capón confirmó el empadronamiento en el municipio de Emilio R.?G., de 39 años, quien trabajó en casas de labranza y en otros negocios, además de ser beneficiario de una paga por desempleo que el Concello le tramitó hace dos años. También era el que recibía donaciones y alimentos de Cruz Roja, si bien el regidor aseguró desconocer hasta hace pocos meses la existencia de la madre. «O problema empezou cando chegou o irmán», comentó. El alcalde lancarino reconoce la limitación a la que deben hacer frente los servicios sociales que puede ofertar el concello: «Non hai forma de controlalos, vanse, volven e non se sabe deles. Ademáis, se se portaran ben non habería nengún problema. Eu recordo cando a xente lles daba comida e lles axudaba». La historia que narra Capón no es desconocida para otros regidores. José Luis Fugarolas, alcalde de Pol, reconoció ayer que ambos hermanos habían vivido temporalmente en una casa de la parroquia de Luaces, domicilio fijo de la madre de ambos. «Ela levaba moitos anos vivindo alí, nunha casiña case en ruínas da que sempre quixemos que se fose. Desde os servicios sociais ofrecéuselle moitas veces ir a unha residencia, pero ela non quixo. Tampouco quería asistencia domiciliaria, só o que lle daba a Cruz Vermella», explica Fugarolas. El alcalde reconoce que los hijos la visitaban temporalmente, pero insiste en que no recuerda ningún enfrentamiento ni situación similar a la que se vive en Láncara. Como regidor cuestiona los problemas a los que se deben enfrentar los concellos, cuando su poder es limitado en seguridad y asuntos sociales.