«Si Ribeira Sacra fuese Francia, su vino sería el más caro del mundo»
Lemos
Un edafólogo de la Universidad de Vigo ha coordinado varios estudios sobre los suelos de viñedo de la zona
16 Oct 2015. Actualizado a las 22:06 h.
José Manuel García Queijeiro, profesor de la Universidad de Vigo, imparte clases de edafología en la Facultad de Ciencias de Ourense, donde coordinó diversos estudios sobre suelos de viñedo en la Ribeira Sacra. Ayer ofreció una charla sobre las posibilidades y limitaciones de la viticultura de precisión en Galicia, en una jornada técnica organizada por Evega en Monforte. La diversidad vitícola gallega, subraya este experto, no admite generalizaciones a la hora de dar recetas para la gestión del viñedo. Menos aún en la Ribeira Sacra, donde tuvo ocasión de comprobar que un solo metro cuadrado de suelo puede encerrar todo un mundo.
-Australia fue el referente para importar la viticultura de precisión. ¿Hay otro modelo alternativo para las zonas donde resulta más difícil aplicarla?
-Siempre hay que fijarse en las zonas de producción tradicional que van en cabeza. Francia vende a precios muy altos vinos que muchas veces no son tan excepcionales. Acertaron a darles una imagen y un valor, por eso son un modelo a seguir. También hay ejemplos interesantes en Italia, e incluso en el nuevo mundo vitícola.
-Sostiene que las bodegas están a la última en elaboración, aunque no siempre expriman el carácter diferenciador de la viña. ¿A dónde podría llegar la Ribeira Sacra si lo hiciese?
-Si la Ribeira Sacra estuviese en Francia, sus vinos serían probablemente los más caros del mundo. Posee una historia y un viñedo que no tiene parangón en casi ningún otro lugar del mundo. Con su maestría para vender, los franceses harían maravillas con una viticultura como la de la Ribeira Sacra. Pasa algo parecido con los blancos gallegos, que tendrían que estar peleando con los grandes del mundo.
-¿La viticultura debe homogeneizar o diversificar calidades?
-Hay que diferenciar escalas. Dentro de una misma viña hay que buscar una calidad lo más uniforme posible. Otra cosa es que haya viñas con una personalidad propia que deba preservarse. Ribeira Sacra dispone una diversidad de suelos excepcional que imprime un carácter mineral al vino. Esa riqueza geológica hay que aprovecharla.
-¿Habría que ir a una zonificación más específica dentro de las denominaciones de origen?
-Es una pregunta difícil. Hasta en Francia, donde el prestigio está en los vinos de château o de pago, se debatió una simplificación de ese modelo para competir en el mercado internacional. Algún día posiblemente hablemos de los vinos del Miño, de una organización transfronteriza que englobe viñedos de Galicia y Portugal. Eso no quiere decir que en Ribeira Sacra no se pueda ir más allá de las cinco subzonas para preservar viñedos singulares.
-¿Sobraría la viticultura de precisión si no se plantase donde nunca hubo viñedo?
-En el actual contexto de cambio climático, la respuesta resulta más compleja de lo que parece a simple vista. La Ribeira Sacra es un laboratorio natural perfecto para valorar ese cambio, porque en una misma ladera pueden existir diferencias de altitud de doscientos metros. Todo indica que los viñedos más altos se irán pareciendo cada vez más a los de las partes más bajas. Galicia tiene una gran variabilidad entre las distintas zonas, incluso dentro de ellas. Hay que tener cuidado con generalizar.