Bulgaria busca el equilibrio entre su pasado y Occidente
Internacional
Reportaje | Radiografía de un futuro miembro de la UE El país del Este de Europa vive un período de transición con retos tan importantes como acabar con la corrupción, el desempleo y las desigualdades sociales
19 Nov 2005. Actualizado a las 06:00 h.
COINCIDENCIAS. La C en las matrículas de Sofía (letra de la capital en cirílico) llama la atención del visitante, al igual que el entorno rural, muy similar al de cualquier aldea de Galicia. Bulgaria tiene estampado en la cara el cartel de «transición». Nada más pasar la aduana del aeropuerto de Sofía, el pasado y el presente de este país del antiguo bloque soviético se entremezclan. A un lado de la autovía que conduce hasta el centro de la capital, donde los socavones casi no dejan ver el asfalto, confraternizan viejos y descuidados bloques de viviendas al más puro estilo comunista con un gigantesco cartel de la multinacional de comida rápida McDonald's. La estampa se repite en Sofía. Mientras los jóvenes búlgaros descubren la pizza y el monopatín en la plaza del gigantesco Palacio Nacional de Cultura, grandes vídeos y cárteles hablan de las excelencias de conocidas marcas de cosmética, bebidas y tecnología punta, en el más puro y duro consumismo. Al otro lado, en un gran parque -en el régimen anterior, la palabra especulación no estaba dentro de su vocabulario, lo que posibilitó grandes zonas verdes-, las hojas del otoño llenan el descuidado césped mientras los más desfavorecidos -el paro asciende al 12,7%- venden desde dulces a antiguos cascos de soldados en precarios puestos. Modestas tiendas de ropa se confunden con marcas de prestigio, como la inevitable Zara, prohibitiva para el bolsillo búlgaro -el salario medio mensual es de 156 euros-, y los viejos modelos de automóviles Lada, que casi han desaparecido en medio de las habituales marcas de cualquier ciudad europea. Inyección de dinero Bulgaria necesita urgente ayuda económica para mirar al futuro. Todas sus opciones se centran en Occidente, torciendo la vista de su antigua metrópoli, Moscú. La inyección de inversiones extranjeras, entre otras la de Estados Unidos, han aumentado en los últimos cuatro años mientras los millones de la UE, previos a la adhesión, ya han llegado al país -en el 2006 recibirá más de 545 millones de euros- y han hecho posible, entre otras cosas, el disfrute de una treintena de kilómetros de una moderna autovía y la puesta en marcha de una campaña turística para atraer a los extranjeros. Desde el 2004, Bulgaria se ha metido de lleno en el círculo capitalista y democrático con su entrada en la OTAN y en la Organización Europea Occidental (UEO). La Unión Europea le abrió sus puertas el pasado 15 de abril, junto a la vecina Rumanía, pero el pasado octubre el Ejecutivo comunitario le instó a ponerse las pilas para que acelere sus reformas si quiere estar en condiciones de cumplir los criterios exigidos para formar parte del club el 1 de enero del 2007. En un largo informe, los Veinticinco enumeran «graves lagunas que suscitan vivas inquietudes» sobre las medidas para reforzar el Estado de derecho, mejorar la función pública y el sistema judicial, controlar las fronteras y la seguridad alimentaria con la mejora de prácticas agrícolas y veterinarias. Pero, sobre todo, Bruselas insta a Bulgaria a luchar contra la corrupción y el crimen organizado, muy preocupada por el destino final de los fondos comunitarios que inevitablemente irán a parar al país tras su adhesión. El Gobierno búlgaro insiste en no dramatizar y asegura que la situación no es tan negra. El viceministro del Interior, Boyko Kotzev, insistió en elogiar la cooperación policial con España, dentro de la operación Luz de luna, en la lucha contra el tráfico de drogas y artículos de lujo, y las redes de prostitución. «Nos basamos en el modelo español», asegura Kotzev. El freno de la corrupción Ognian Shentov, presidente del Centro para el Estudio de la Democracia en Sofía, opina que, además de los efectos que tiene sobre la sociedad como una forma no oficial de tributación, la corrupción frena el desarrollo del país al estar enraizada en todos los sectores del Estado. Otra de las preocupaciones de la UE es la integración de las minorías étnicas, sobre todo los turcos (9,4%) y los gitanos (4.7%). Una generación entera de estos últimos, la que tiene entre 25 y 30 años, nunca ha tenido un trabajo. Ellos están en Sofía, en puestos ambulantes o limpiando las calles con viejas escobas. «Con el comunismo, los gitanos vivían mejor», dice Antonina Zhelyazkova, presidenta del Centro Internacional para los Problemas de las Minorías y las Relaciones Culturales. «El analfabetismo de la minoría gitana se ha duplicado en los últimos quince años, lo que provocó su separación del mercado laboral», añade. El descontento social ha hecho que surjan partidos políticos del estilo de Ataka (obtuvo el 8,75% de los votos en las últimas elecciones), que Zhelyazkova califica de «nacionalsocialistas». Ante el difícil panorama político, económico y social, Bulgaria afronta ahora el reto de buscar el equilibrio entre su pasado y su presente.