La Voz de Galicia

El alto precio de una odisea

Internacional

Xurxo Fernández redacción

Crónica | Los rehenes del Sáhara estrenan libertad Los 14 europeos secuestrados en el Sáhara volvieron a casa tras seis meses terribles, pero sus problemas no quedaron atrás: les quieren hacer pagar parte de su costoso y polémico rescate

20 Aug 2003. Actualizado a las 07:00 h.

?Quien se pone en peligro de manera imprudente y para satisfacer las ganas de aventura tiene que contar con asumir parte de los costes de una liberación». La frase, publicada en el Financial Times Deutschland , recibió ayer a los 14 europeos (nueve alemanes, cuatro suizos y un holandés) que aterrizaron en Colonia a bordo de un avión militar, después de pasar seis meses secuestrados por un grupo integrista con el que atravesaron medio Sáhara. La declaración la firma el vicepresidentente del opositor grupo parlamentario cristianodemócrata, Wolfgang Bosbach, pero en la misma línea han estado las palabras de representantes de la formación en el poder (los socialdemócratas). Su portavoz de política exterior en la cámara baja, Gert Weisskirchen, afirmó que «quienes hoy van a regresar, y todos nos alegramos de ello, van a tener que pagar una parte de su rescate». El 70% de los alemanes apoyaban esa medida en una encuesta publicada ayer. Así que todo apunta a que los rehenes liberados en Mali, a donde finalmente les condujo su periplo por el desierto, habrán de ayudar a costear la operación que los devolvió a casa. Aunque para eso aún hará falta un acuerdo acerca del montante de dicha inversión. Algo que puede resultar todo menos sencillo, a juzgar por las especulaciones habidas hasta la fecha. Cuando el domingo se supo que el secuestro iba a terminar, comenzó el baile de cifras. El Grupo Salafista para la Prédica y el Combate (ese es el curioso nombre de quienes tenían retenidos a los europeos) exigía sesenta millones de euros para soltarlos y varios medios publicaron que se había satisfecho esa cantidad. Al día siguiente, mientras los turistas viajaban hacia el oasis de Gao para ser luego trasladados a Bamako (la capital de Mali) la cifra ya se había reducido hasta los diez millones y el martes se hablaba de una cantidad de 4,5 millones de euros. Finalmente ayer, todo apunta que bajo indicaciones del gobierno alemán, los mediadores en el rescate aseguraron que no se había desembolsado dinero alguno. Sea cual sea la cantidad, la polémica rodea la operación. En la prensa de Mali, por ejemplo, llovieron las criticas a un pago que permitirá armar a los salafistas y «alentará a otros a hacer los mismo». Además, se señalaba que los secuestradores arrancaron un compromiso para que no haya represalias. Lo que choca con la exigencia del canciller alemán, Gerhard Schroeder, de que los captores no queden impunes. Este debate pone un agrio punto y final a una historia que comenzó a finales de febrero en el Sáhara argelino, cuando 32 turistas que buscaban aventuras en el desierto cayeron en manos del grupo liderado por Amari Saifi. De inmediato, los gobiernos de sus países de origen (Alemania, Suiza, Holanda, Austria y Suecia) presionaron a Argelia para que facilitara la entrega de los rehenes. Así consiguieron que el 13 de mayo, una operación del ejército de aquel país acabara con la liberación de 17 de los cautivos y obligara a los secuestradores a abandonar el territorio. Los terroristas (como tales están considerados los miembros del grupo) decidieron trasladarse a Mali, donde los salafistas tienen campamentos en la zona de Tessalit, a 1.700 kilómetros de Bamako. Allí los cautivos fueron divididos en grupos, para facilitar su control. En junio llegó la única baja: la alemana de 45 años Mikaela Spitzer fallecía a causa del calor y era enterrada en el desierto. Después vinieron las duras negociaciones (en las que hubo incluso mediación libia) que acabaron en la liberación. De vuelta en casa, el ya ex rehén alemán Witek Mitko hacía balance: «Nos trataron bien. Viajábamos mucho y a veces teníamos que caminar. Comíamos arroz, pan y macarrones. Pero lo principal es que estamos sanos». Quizá aún no había calculado cuanto le toca pagar.


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