La Voz de Galicia

Caos en una provincia con nueve monedas

Internacional

15 Dec 2002. Actualizado a las 06:00 h.

La repentina atención mediática a los desnutridos de Tucumán ha convertido al hospital del Niño Jesús en un lugar muy peculiar. La ayuda humanitaria no para de entrar. Las cámaras, argentinas, españolas, alemanas o de donde sea, campan a sus anchas. Los padres de criaturas agonizantes o en recuperación colaboran al máximo, convencidos de que los titulares se traducirán en cheques con subvenciones. Médicos y enfermeras aprovechan para denunciar sus salarios de miseria y pedir información sobre la situación de sus profesiones en Europa. En una de estas, entro en el despacho del director, el doctor Marco, y sin querer me infiltro en una reunión con el Sindicato Tucumano de Vendedores Ambulantes, que ha traído una donación. Como no abro la boca, una doctora me toma por un dirigente gremial. Los sindicalistas hablan con toda naturalidad de terroríficas tramas de corrupción, de punteros (caciques) peronistas que se apropian de la leche infantil que se pone después a la venta en comercios de la ciudad. «Nosotros la hemos traído aquí porque es el único sitio donde sabemos que llegará a los niños», explican. El doctor Marco no se espanta. Cuando se van los donantes me explica que es una práctica frecuente. «En esta provincia el hambre hizo eclosión por el alto grado de corrupción existente en el manejo de los planes sociales», proclama Esteban Jerez, el fiscal anticorrupción de Tucumán. Estamos en su despacho y fuera esperan muchas cámaras y una de las imputadas en un caso de apropiación de fondos destinados a un comedor para indigentes. «Pude auditar el funcionamiento de esos programas durante cuatro años y encontré un alto grado de irregularidades, como el uso fraudulento y absolutamente discrecional de sumas importantes de dinero», explica Jerez. El gobernador Miranda Todas las miradas se dirigen hacia el gobernador, el peronista Julio Miranda a quien acusan de pasar más tiempo en Buenos Aires que en Tucumán. Situado en medio de la feroz pelea entre Duhalde y Menem y desbordado por el caos de su provincia, Miranda se tambalea. El descontrol del hospital de Niños es la mejor muestra de su falta de poder. En otras provincias como Corrientes, donde han muerto niños que se alimentaban con tierra, la prensa tiene prohibido entrar siquiera en el sanatorio. En Tucumán las puertas están abiertas para los medios, sin que ello parezca obedecer a un compromiso con la libertad del exterior. Más bien es un síntoma de anarquía. En San Miguel hace un calor axfisiante. El ritmo de vida recuerda al de Marruecos. A mediodía la ciudad está desierta. Por la noche las calles se llenan. Hay tiendas lujosas. Todo parece normal hasta que llega el momento de abonar una compra o consumición. Apenas circulan los pesos, efectivo como le llaman aquí. Los bonos, papel moneda para cancelar las deudas públicas, se usan mucho más que en Buenos Aires. Existen hasta nueve formas de pago diferente, como los vales que emiten los taxistas y aceptan en los supermercados. Corrupción, caos monetario, hambre, miseria, ignorancia, contaminación, desnutrición... El explosivo coctel tucumano ataca al eslabón más débil de la sociedad, los niños pobres.


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