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Adictos al narcotráfico

Pese a la intensa actividad policial y judicial, los jefes históricos siguen protagonizando las grandes operaciones

Registro en la casa de Charlín
La Voz de Galicia

Aproximadamente a las siete de la mañana del 12 de junio de 1990 el juez Garzón llamaba a la puerta de Laureano Oubiña y ponía en marcha una operación antidroga que se ha convertido en legendaria. El desarrollo de aquel despliegue quedó para la historia y puso en el mapa al narcotráfico gallego en lo que parecía que iba a ser su canto del cisne. Nada más lejos de la realidad. Aquel día cayeron Laureano Oubiña, Marcial Dorado, José Paz Carballo, Daniel Carballo Conde, Manuel Charlín Pomares... cabezas de cartel del movimiento clandestino del tabaco, el hachís y la cocaína. Parecía que la fuerza de la ley iba a extirpar de la ría de Arousa, de las rías gallegas, el incipiente negocio del narcotráfico. Pero casi 30 años después, en el mismo escenario, volvió a repetirse la representación. Los jueces y los mandos de la policía y la Guardia Civil se han renovado. Pero se diría que los narcos no tanto.

Poco más de un año después de aquella gran redada, Garzón se subía a la cubierta del Strande, un barco fletado expresamente para trasladar una tonelada de cocaína desde Venezuela a Portugal. La operación dirigida por el que ya era conocido como superjuez se saldó con varios detenidos. Entre ellos José Luis Charlín, hermano de Manuel y principal responsable de aquel alijo. Con él cayeron Daniel y Anselmo Baúlo, del clan de los Caneos, apellidos también que se hicieron con un lugar de privilegio en la historia del narcotráfico gallego, aunque con final trágico.

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En realidad, la década de los 90 fue un continuo pulso entre los narcos y las fuerzas del orden. De vez en cuando, una sonora operación policial inclinaba la balanza hacia el imperio de la ley, pero eso no era óbice para que la cocaína siguiera circulando alegremente entre cada vez más amplios sectores de la población. En mayo de 1992, otra macrooperación se saldó con otra tonelada de cocaína requisada y decenas de detenciones.

En 1994, el que cayó fue Sito Miñanco, el más conocido de los capos gallegos, capaz de dejar una estela a la altura de las grandes estrellas sudamericanas del narcotráfico. Le cayeron veinte años por tráfico y blanqueo de capitales.

Los de siempre

Aquel mismo año, mientras se esperaba la sentencia de la Operación Nécora, el juez Bueren dirigió la operación Santoña con la intención de desmantelar varias redes de distribución y blanqueo. Paz Carballo, Oubiña y su mujer, Esther Lago, tuvieron que declarar delante del juez. Una vez más, los nombres se repetían, los clanes de siempre, en mayor o menor medida, se mantenían.

Manuel Charlín salió absuelto de la Nécora, pero eso no le libró de la cárcel. Apenas disfrutó de seis días de libertad, antes de ser acusado de nuevo. Esta vez fue condenado a 20 años de prisión. A Marcial Dorado, que había sido detenido aquel 12 de junio de 1990, pero que luego ni siquiera llegó a sentarse en el banquillo de los acusados, la caída le llegó años después por un alijo descomunal en un barco llamado South Sea cargado con siete toneladas y media de cocaína e intervenido en octubre del 2003. Pasó algún tiempo, pero Dorado fue condenado a diez años por aquello.

En algún momento parecía que al menos los históricos habían sido neutralizados. Sin embargo, los grandes nombres del narcotráfico arousano han ido regresando en los últimos años. El más notable, Sito Miñanco, detenido de nuevo hace seis meses. Esta vez en Algeciras. En realidad, Prado Bugallo nunca se fue del todo y sus entradas y salidas de prisión fueron recurrentes en las últimas décadas. El que fuera presidente del Juventud de Cambados es el mejor ejemplo del adicto al narcotráfico, comprometido a sangre y fuego con su propia leyenda, incapaz de enfocar sus esfuerzos hacia otra tarea.

Lo que no cambia

Manuel Charlín estaba en libertad desde julio del 2010 después de pasar dos decenios en prisión. Con 85 años ya a la espalda ha sido detenido de nuevo. Genio y figura. Él, sus hijos, su hermano, todo el clan, han sido actores recurrentes del reparto en la historia del narcotráfico en Galicia durante los últimos 30 años, una historia con altibajos; con épocas doradas para los traficantes y otras menos.

El acoso de Aduanas, Policía y Guardia Civil terminó por cercar las descargas en la revirada costa gallega. Los colombianos dejaron de confiar y el problema pareció atemperarse. Pero, por lo visto, los históricos, o al menos algunos de ellos, nunca se fueron. Ayer, uno de los patriarcas volvió sentir el frío de las esposas en las muñecas al mismo tiempo que los vecinos de Cambados revivían los días más duros de la última década del siglo pasado. Hay cosas que parecen no cambiar nunca. Los registros y detenciones. O el precio de la cocaína en la calle. Treinta años después, apenas ha subido. Algo tendrá que ver la oferta, producto seguramente del trabajo de estos adictos al narcotráfico.

Tags: Tráfico Narcotráfico Guardia Civil Marcial Dorado Laureano Oubiña Baltasar Garzón Ría de Arousa Rías gallegas Portugal Venezuela Cambados
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