Reinventar lo cotidiano
Galicia
09 Dec 2014. Actualizado a las 05:00 h.
Las cartas boca arriba, siempre he sentido especial debilidad por las medianeras. De niño veía tras ellas el rico mundo de los tebeos de 13 Rue del Percebe. Después el informalismo, Tapies, el arte oriental me enseñaron a ver densos mundos en una simple grieta o en un muro torpemente encalado. Siento profunda admiración por la sabiduría popular que destilan las medianeras con conchas de vieira de las Rías Baixas, por la belleza de una medianera de tejas que hay cerca de la Plaza do Toural. Las intervenciones pretendidamente artísticas en ellas deben ser hechos muy puntuales. Más fruto de la acción subversiva que de la subvención oficial. Tal vez deberían ser siempre efímeras. Lo mismo opino de los tan de moda jardines verticales, donde tanto advenedizo con un cursillo y tres lecturas a un blog están causando estragos. Evidentemente hay gloriosas excepciones. Considero mucho más necesario apoyar el adecentamiento de las medianeras desde el propio arte de la construcción, o bien, en aquellas que nunca serán tapadas por otras edificaciones buscar cauces para que puedan abrir huecos, ventanas, galerías por donde entren vistas, aire y luz. Los estudios de color, como el realizado en Gerona, son otra vía. Todo bajo el dominio del proyecto. No puedo dejar de recordar las maravillas que hizo Jaime Cabanas en Malpica o en aquel proyecto para una aldea en las Rías Altas. Qué gran artista.
Pero si me apuran yo soy más amigo de las pintadas (ahora les dicen grafitis). Hace poco, cerca de donde tenía Cabanas su estudio, encontré una gloriosa: «Si quieres comer sano, cómete un began (sic)». O aquella otra que había en mi calle y que rezaba: «Valiente par de holgazanes». Verdadera poesía urbana.