La Voz de Galicia

Agustín Hernández, el resolutivo hombre para todo de Feijoo

Galicia

serafín lorenzo santiago / la voz

El líder del PPdeG vuelve a reclutar a su comodín para reducir a una sola las vicesecretarías del PP gallego

23 Jan 2013. Actualizado a las 07:00 h.

En otro tiempo, el despacho de gestor del cemento llevaba pareja en la Xunta la condición de delfín. Xosé Cuíña lo fue mientras le dejaron y su sucesor en la consellería del ramo es el actual presidente. Por eso tampoco faltará quien adjudique ahora ese rol a Agustín Hernández. Pero esa ambición casa mal con el carácter pragmático del que es, con Alfonso Rueda, uno de los hombres fuertes de Feijoo desde antes de que este comenzara a llenar de mudas las maletas de la mudanza a Monte Pío.

A Hernández le confió Feijoo la macroconsellería en la que fusionó tres del bipartito: Medio Ambiente, Infraestruturas y Vivenda. Aunque previamente ya le había encomendado el traspaso de poderes junto a Pedro Puy. El PSOE olfateó con avidez la presa y colocó en su diana a este ingeniero madrileño de 51 años, funcionario de carrera. El Tribunal Superior de Xustiza llegó a admitir a trámite una querella en su contra. Se le acusaba de certificar obras en falso en su etapa anterior de responsable de obras públicas en la Diputación de Pontevedra, donde Louzán le dio cobijo durante los fríos años de oposición al bipartito. Pero Hernández, que empezó en la Xunta de la mano de Cuíña, salió airoso de aquel episodio. Aseado en lo judicial y reforzado en lo político.

Ahora, después de su fogueo sobre el atril de la gaviota en la campaña de las autonómicas, Feijoo vuelve a reclutar a su comodín para reducir a una sola las vicesecretarías del PP gallego. Lo sitúa así a la derecha de Rueda, con el que comparte afición al footing. Hernández acostumbra a gastar zapatilla entrada la noche por la alameda de Santiago, ciudad en la que reside y por la que cerró la lista popular en las municipales del 2011. Y es un asiduo a probarse en cuanta carrera pedestre se ponga a su alcance. Lo hace con la misma constancia y tenacidad que tiene por norma. En apenas dos años escurrió más de 20 kilos bajo el chándal. Su peso político crece a medida que va menguando la talla de sus trajes.


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