La Voz de Galicia

«Hai que aprender de Dombate»

Firmas

Ángel Palmou

Un cuarto de siglo después de las excavaciones en el dolmen de Dombate, José María Bello, su responsable, regresa a Cabana

03 Jan 2013. Actualizado a las 06:00 h.

La del arqueólogo José María Bello y el dolmen de Dombate es una historia de amor que se remonta cuatro décadas atrás en el tiempo y que, como cualquier otra relación, no se ha librado de alguna crisis. En este caso, el distanciamiento entre Bello y su «amor de juventud» se produjo a causa del abandono al que fue condenado el megalito durante casi veinte años por la lenta y caprichosa burocracia. Ahora, subsanada ya esta situación y con el dolmen presumiendo de su recuperada grandeza desde el punto central del edificio diseñado por Francisco Vidal, lo que tocaba era el reencuentro con el responsable de sacar a la luz sus secretos.

Coincidiendo con el 25 aniversario del arranque de su excavación y con una fecha de gran significado para los que levantaron esta «catedral del megalitismo», el solsticio de invierno, el director del Museo Arqueológico de A Coruña rompió una ausencia voluntaria de varios años para regresar al municipio coruñés de Cabana y visitar una construcción de la que se enamoró en 1973. «Algún día, escavareino», se había prometido entonces un joven estudiante de tercero de Historia venido hasta la vecina localidad de Buño para comprar olería y costearse el viaje de paso del ecuador revendiéndola.

Como recordó desde el flamante centro de interpretación que da ahora la bienvenida al visitante de Dombate, Bello consagró tres veranos a desenterrar una construcción cuyo valor e importancia habían preservado el tiempo y la acumulación de materiales. Pero cuyo futuro a punto estuvieron de arruinar los desencuentros entre los técnicos de la Diputación y la Xunta.

«Dombate é algo sobre o que hai que reflexionar e aprender», señaló el arqueólogo durante este reencuentro tras adentrarse en la réplica de la monumental cámara del dolmen y después de haber confesado estar lleno de una «felicidade absoluta» al comprobar que el megalito ya goza de la atención que merece. «Non é un mal sitio para pasar a eternidade, aquí cos antergos», bromeó incluso Bello en referencia a la coincidencia de fechas entre el acto organizado por el Concello de Cabana y la fallida profecía del fin del mundo atribuida a los mayas por algunos iluminados.

La labor desinteresada de los arqueólogos que trabajaron con él en aquellas campañas estivales del 87, el 88 y el 89, y el formidable esfuerzo común desarrollado cinco mil años antes por los vecinos de la zona para construir el dolmen, sirvieron también a Bello para elevar este monumento a la categoría de «símbolo da solidariedade e do traballo conxunto». El arqueólogo no pudo evitar emocionarse al rememorar algunas anécdotas de las excavaciones llevadas a cabo hace un cuarto de siglo, así como al recordar a dos jóvenes catalanas -una de ellas falleció en un accidente de tráfico solo unos días después de visitar el dolmen- que compartieron con él la pasión por el megalito. Una placa de agradecimiento y los abrazos de algunas de las personas que lo acompañaron en la ardua tarea de conseguir para el dolmen el lugar que se merece fueron la recompensa final para Bello en su regreso a Dombate.

EN Dombate (Cabana) UN Viernes DE 12 a 14 horas


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