Nadie quiere el hotel de hormigón
A Coruña
El Concello de Sada busca compradores del negocio hostelero. Las grandes cadenas exigen el cobro de un canon para dar el paso
07 Nov 2013. Actualizado a las 07:00 h.
El silencio del Sada Marina es tan grande como su voluminosa anatomía gris. Ya hace meses que este ataúd de hormigón no emite ni el ruido de la vibración de una nevera. Y ese silencio es especialmente molesto para el Concello, que sigue buscando una empresa que se haga cargo de su explotación. El alcalde, Ernesto Anido, promete todas las facilidades. «Al que venga le pongo una alfombra roja», dice. Esa alfombra incluye la posibilidad de duplicar el tiempo de concesión (de 50 a 99 años), además de obviar la cláusula que obliga a la empresa a abonar al Concello 600 euros al mes. Pero todas las rebajas parecen inútiles para intentar colocar la gestión de una mole tan grande ubicada en una parcela municipal.
A través de intermediarios, al Concello ya le han hecho llegar la posibilidad de que alguna gran cadena hotelera pueda hacerse cargo del Sada Marina, pero siempre a cambio de recibir un suculento canon municipal. Se emularía así la solución que el gobierno autonómico realiza con las compañías aéreas para que instalen sus líneas en los aeropuertos gallegos. Pero el Ayuntamiento reconoce otras prioridades y rechaza cualquier tipo de subvención.
Carga en la Seguridad Social
Además, el hotel tiene una carga de 400.000 euros con la Seguridad Social, lo que la ha llevado a ser subastado hasta en dos ocasiones, y en ambas nadie acudió a levantar el brazo para hacerse con el inmueble por unos ocho millones de euros.
La semana pasada se supo que la empresa que gestiona el Sada Marina había entrado en concurso de acreedores, mientras se suceden los juicios para la desvinculación definitiva de los quince trabajadores. Durante varios meses estos acudieron a cumplir su horario después de que los empresarios les invitaran a marcharse. Tiempo después, el Sada Marina incrementó la lista de parados de la comarca mientras que la localidad costera, proyectada tradicionalmente hacia el turismo de verano, se ha convertido en el único núcleo importante del área sin un hotel propiamente dicho. «Seguimos mirando soluciones pero hay que reconocer que, en este contexto de crisis, no hay salidas fáciles para el hotel», explica el alcalde.