La Red y el vagamundos
A Coruña
Reportaje | El coruñés Carlos Olmo recorre el globo en 80 cibercafés Era ejecutivo en Madrid y el estrés lo convirtió en mochilero. Ahora vive de patear el planeta y su última etapa lo ha llevado a descubrir la Antártida y Tierra de Fuego
05 Jul 2003. Actualizado a las 07:00 h.
El logotipo de su web (www.vagamundos.net), desde la que le cuenta al mundo su vuelta al globo, es un caracol. Carlos Olmo, ex ejecutivo de una empresa informática en Madrid y ex estresado, ya no tiene prisa. Ahora vive viajando, o viaja viviendo. Para él es lo mismo. «Hacer esto es una excusa para ser feliz», asegura. La aventura de este coruñés de 43 años comenzó el 31 de diciembre del 2000. Se pateó Centroamérica y el Caribe entre enero y junio del 2001. Un año después, trotó por Nueva Zelanda y Australia. «Recorrí 100.000 kilómetros», señala Olmo. El 2003 fue el turno de completar su aventura americana y llegar al continente que siempre le había fascinado. «Ir a la Antártida era mi sueño. Fueron doce días, crucé el Cabo de Hornos, fue duro, con el ojo de buey del camarote casi siempre por debajo de la proa», recuerda. Accidente Después de su estancia en el continente helado, un accidente en Chile le obligó a regresar a A Coruña antes de tiempo. «Fue en la isla de Chiloé, que, por cierto, fue fundada por un almirante gallego que la llamó Nueva Galicia y a la capital, Santiago de Castro. Iba por la calle y tuve una de esas caídas tontas y me rompí la cabeza del húmero», relata. Reconoce que ser un trotamundos no resulta compatible con una vida familiar o de pareja al uso y que prefiere no planificar «más allá de donde alcancen mis pies o mi vista ese día». Carlos Olmo viaja solo, lo que no quiere decir que sea un solitario empedernido. Aunque haya puesto una pica en ciento y pico países -hace tiempo que perdió la cuenta-, el aventurero coruñés asegura que no se pone la mochila a la espalda para conocer lugares. «Yo no me dedico a coleccionar sitios. Lo que me interesa es conocer gente. Lo mejor de viajar es hacerlo sin guía, ni es más peligroso ni sale más caro, pero descubres más lo que hay a tu alrededor y te mezclas con las gentes», explica. Fieles a su web Su web recibe unas 25.000 visitas al mes, 300.000 al cabo del año. Muchos navegantes le siguen desde el principio. «No sólo escribo de viajes, también de la vida, la guerra o el amor. El vagamundos no es una guía turística», apunta. Otros, añade Olmo, no le conocen de nada, pero, dada su experiencia recorriendo el planeta, le piden consejo sobre dónde pasar su luna de miel, si en un safari en Kenia o en las playas de Costa Rica. «Hay muchos lugares muy especiales: el Kilimanjaro, ver amanecer en las dunas de Namibia, tener a gorilas a dos metros de tus narices o hacer rafting por el río Zambeze», enumera. Entre sus fans, por supuesto, la familia, que sabe de sus andanzas a través de Internet, lo que les ha supuesto todo un adelanto. «Antes de empezar con esto de la web sólo les escribía alguna postal que otra en mis viajes. Estuve cuatro meses en África y les mandé cuatro postales. Ahora están más contentos y más tranquilos, claro», comenta. Porque la idea de dar la vuelta al mundo real y en la Red nació precisamente cuando, de visita a las montañas del norte de Tailandia, se topó con un cibercafé. Carlos Olmos pensó entonces que si había conexión a Internet en ese remoto lugar, también la habría en el resto del mundo. Y en el que él conoce, al menos, así es. «Hasta en Patagonia, que es de los lugares más aislados del mundo, con un habitante por metro cuadrado, pude chatear», afirma. Los otros caminos Vive los colores del Dépor allá donde vaya, sufrió en la distancia con el hundimiento del Prestige , pero no se cansó de contarlo por el mundo adelante. Ahora prepara un proyecto en Galicia, además de un libro. En septiembre se pondrá a andar los otros Caminos de Santiago en su parte gallega. «Quiero desatascar el camino francés porque lo harán un millón de personas en el 2004. Yo pondré los otros en Internet», promete.