Buhoneros
Barbanza
29 Sep 2011. Actualizado a las 06:00 h.
Cosas veredes, Sancho que harán fablar las piedras; es una frase que se atribuye a Cervantes por boca del Quijote. No es cierto pero sí es ley la intención de esa frase para indicar el asombro o estupor que puede llegar a causarnos un hecho o una circunstancia concreta que, en el entramado del circuito cerebral, tendríamos por imposible o irrealizable.
Cuando en las tierras de la vieja California, o en el río Yukón de Alaska y también entre los tupidos bosques canadienses el eco del oro corrió incendiado de este a oeste, se contaron por miles los colonos norteamericanos que no dudaron en dejar abandonadas sus granjas y sus ovejas para dedicar su vida a la minería de río y de galería subterránea en busca de la quimera dorada y brillante que cegaba corazones y convertía a perfectos brutos en caballeros de loción y pañuelo de seda de la noche a la mañana.
Puede que no se lo crean, pero, entre todos ellos, también había gallegos dedicados a esa labor en busca de la onza pulida, lustrosa y brillante como la piel de las chicas que brincaban en el escenario del viejo saloon envueltas en el humo del tabaco y de la pólvora del último duelo. Quién le iba a decir a aquellos compatriotas nuestros que emigraron como pastores y granjeros buscando mejor vida en la joven América del Norte, que en el siglo XXI los rudos canadienses y los yanquis fanfarrones, explorarían los adentros de los valles de Galicia atraídos por el viejo grito que conduce a filones olvidados desde los romanos.
Pues ahí están por las tierras de Bergantiños, en los suelos de Corcoesto, haciendo prospecciones e intentando convencer a la Xunta de Galicia para que acceda a firmar un tratado que a todos favorezca y arrancarle así a la tierra el maravilloso brillo del oro que guarda en su placenta.
Vuelven pues, en estos tiempos de satélites y megabits, los viejos buhoneros de pala y Biblia, de revólver y canana, de vida errante y alma desvencijada por los viejos caminos ya andados. La historia se repite. Siempre tras la dulce quimera del oro.