La Voz de Galicia

De compras con Chino Antonio

Agricultura

Dolores Cela lugo

Reportaje | Un almacén con vocación de centro logístico La megafonía del almacén del polígono de O Ceao da los avisos en el idioma de su dueño. Su secreto comercial está en vender cantidades elevadas y al precio más barato

11 May 2006. Actualizado a las 07:00 h.

?ecuperar la vieja ilusión de que con unos cuantos euros en el bolsillo se puede llenar un carrito de cosas es posible desde finales del mes pasado, con la apertura del centro comercial Chino Antonio. El uso que se pueda dar a los artículos o la calidad y de la adquisición pueden ser cuestionables. Lo que es prácticamente seguro es que pocos de los que entran, aunque sea a curiosear, salen con las manos vacías. El negocio, con vocación de centro logístico, ha tenido tanto éxito que las colas en las cajas son una constante por las tardes en el establecimiento que, por el momento, compagina la venta al por mayor y al detalle. Los coches mal aparcados que molestan a los empresarios de las naves próximas dan para otra historia. Esa ilusión de gastar poco y comprar mucho -se encuentran multitud de artículos por menos de un euro- a través de precios asequibles y muy competitivos, es el objetivo marcado por el lucense Antonio López Manciñeiras y por Mengyong Zhou, su socio capitalista, nacido en Shangai y que vive en A Coruña desde el año 1994. En la ciudad herculina hasta hace poco regentaba el Chino Antonio original en la avenida de Finisterre. Ellos pretenden mover continuamente las más de 3.000 referencias, repartidas por las dos plantas de la nave alquilada en la rúa da Agricultura de O Ceao. Ir de compras al Chino Antonio tiene su encanto y sorprende, pese a que los clientes locales se están acostumbrando al funcionamiento de las tiendas de 1 euro regentadas por orientales, que vienen a ser lo mismo, pero en más reducido. La primera vez que uno entra en el de O Ceao desconcierta la megafonía porque la voz que suena por los altavoces habla en chino. Es lógico, porque se trata de un aviso para los cinco empleados del país oriental que trabajan en los 2.200 metros cuadrados de superficie en la que está repartida la mercancía. Los seis nacionales tampoco parecen enterarse mucho de lo que dicen. Una advertencia: si ve correr a los empleados asiáticos todos al mismo tiempo y en una misma dirección, no se asuste, no se trata de ninguna amenaza de bomba o de que vayan a la caza de alguien que intenta llevarse algo sin pagar, es su forma de trabajar. Posiblemente se dirijan a un mismo punto a comprobar un precio que les requieran por megafonía. Los empleados chinos demuestran amabilidad, pero su vocabulario en español es, en casi todos los casos, algo reducido para el trabajo que desempeñan. Mengyong Zhou, que habla fluido castellano, confiesa que aunque quisiera contratar más personal para el negocio le resulta complicado encontrarlo. Según asegura, los de su nacionalidad prefieren trabajar en ciudades grandes como Barcelona o Madrid y no quieren ni oír hablar de Lugo y los trabajadores locales no se adaptan bien al ritmo de trabajo. López Manciñeiras, el gerente, contó que el récord lo establecieron dos chicas, de quienes no volvieron a saber nada después de una jornada de trabajo matinal. López no puede entender las razones por las que el comercio local ve una amenaza en su almacén. Se trata, dice, de un negocio más, que paga impuestos y salarios.


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