Nuevas investigaciones están desvelando los misterios de este órgano crucial y sorprendente. Ojo con el hígado en las temporadas de vacaciones: se resiente del maltrato, pero a menudo no se queja y no nos percatamos de que algo va mal. Te explicamos cómo mimarlo.
En España, el 30 por ciento de la población adulta tiene hígado graso. Muchos de ellos no notan nada o solo ligeras molestias y cansancio. La grasa se ha depositado en exceso en sus hígados como consecuencia de la hipertensión, el sobrepeso, la diabetes o el colesterol alto. En principio no es demasiado grave y se cura con una dieta adecuada y unos hábitos saludables. Pero hay un 10 por ciento de personas con hígado graso en las que, además, se produce una inflamación crónica del hígado.
Ahí la cosa se pone más fea. Y más todavía cuando ese hígado graso inflamado ('esteatosis hepática' se llama) deriva en cirrosis, es decir, que el hígado se fibrosa, nada bueno. El hígado, ese órgano insustituible, esencial y prodigioso al que asociamos con la bebida y el mal humor, es mucho más importante y sorprendente de lo que parece. «Las enfermedades hepáticas están entre la novena y la undécima causa de muerte en Occidente», cuenta el doctor Jorge Quiroga, jefe de Medicina Interna y hepatólogo de la Clínica Universitaria de Navarra. Este especialista es una de las cabezas de una de las investigaciones punteras que se están llevando a cabo en España sobre el hígado: la Unidad de Hepatología de la Clínica de la Universidad de Navarra está experimentando, junto con el Servicio de Digestivo del Complejo Hospitalario de Navarra, el Centro de Investigación Médica Aplicada y el Instituto de Investigación Sanitaria, para administrar DHA –uno de los ácidos grasos del pescado– y así combatir la esteatosis hepática.
Así funciona el órgano prodigioso
El hígado recibe sangre oxigenada procedente del corazón a través de la arteria hepática. La sangre rica en nutrientes procedente de los intestinos llega por la vena porta hepática
Consta de dos lóbulos principales, formados a su vez por ocho segmentos que contienen miles de lobulillos conectados entre sí.
Las células hepáticas producen bilis, que se almacena en la vesícula biliar y se vierte en el intestino para ayudar a descomponer los alimentos.
Guarda vitaminas, minerales, oligoelementos y nuestras reservas de energía. La glucosa sobrante la almacena en forma de glucógeno.
Transforma sustancias nocivas en inofensivas. Por ejemplo, el amoniaco que se genera al degradar proteínas lo convierte en inocua urea. También filtra el alcohol y depura fármacos y otras sustancias tóxicas.
Estos días de chiringuitos y desenfrenos hay que estar ojo avizor con los excesos y no saturar de trabajo al sufrido hígado. Quienes tienen hígado graso pueden no saberlo porque este órgano extraordinario no cuenta con receptores propios del dolor. En muchos casos sufre durante años sin dar ninguna señal de alarma.
Prestémosle atención, él hace mucho por nosotros. Si el hígado deja de funcionar, entramos en coma y morimos. Podemos aguantar unos días como mucho. Su labor no la pueden realizar máquinas: no hay diálisis posible.
El hígado es una fábrica demasiado compleja y sorprendente. Actúa como una planta depuradora muy efectiva: transforma las sustancias nocivas en inofensivas. Lo hace, por ejemplo, con el agresivo amoniaco que se genera durante la degradación de las proteínas y lo transforma en la inocua urea, que el cuerpo es capaz de excretar sin riesgos. También desactiva e intercepta virus y bacterias.
Trabajador aplicado, además sintetiza enzimas, hormonas y factores coagulantes de la sangre. Y produce hasta un litro de bilis al día, imprescindible para la digestión de las grasas.
Más cosas. El hígado guarda vitaminas, hierro, selenio y otros oligoelementos. La glucosa sobrante la almacena en forma de glucógeno. Cada hora ejecuta miles de millones de reacciones bioquímicas a la vez.
Es mágico. Junto con la piel, es el único órgano que tiene la capacidad de regenerarse. Quizá lo adivinaron los griegos cuando crearon el mito de Prometeo, el titán con forma humana al que Zeus castigó por haber entregado el fuego a los hombres encadenándolo a una roca y enviando a un águila a que se alimentara día tras día de su hígado, que volvía a crecer.
Los médicos del siglo XXI han comprobado que incluso un hígado muy castigado e inflamado puede recuperarse totalmente en unas semanas, siempre y cuando se lo cuide y no se lo vuelva a sobrecargar con más alcohol.
Esa capacidad regeneradora hace posible que en los trasplantes se pueda repartir un mismo hígado entre dos receptores o incluso llevar a cabo un trasplante en vivo, ya que el hígado del donante crece hasta recuperar su antiguo tamaño en unos pocos meses. En España se realizan aproximadamente unos 1.200 trasplantes de hígado al año. No es suficiente. Se necesitan más, y eso a pesar de que los nuevos fármacos están funcionando sobre el virus de la hepatitis C.
Las investigaciones son constantes. Además del estudio que se está haciendo en Navarra con el hígado graso y la esteatosis hepática, en Israel se acaba de descubrir que los módulos que se encargan de la regeneración del hígado se rigen por una estricta división del trabajo, como en una fábrica moderna.
Los investigadores dirigidos por Shalev Itzkovitz han identificado al menos nueve 'departamentos' diferentes, cada uno encargado de una misión concreta: unos producen glucosa o factores de coagulación; otros, hepcidina, una hormona que regula los niveles de hierro; otros están especializados en la descomposición de sustancias tóxicas.
El sistema funciona tan bien gracias a que el hígado mantiene una relación especial con la sangre. Cada minuto pasan por él un litro y medio de sangre, lo que supone unos dos mil litros al día. El hígado procesa sangre que viene directamente de la zona gastrointestinal y entra en acción otra más de sus muchas y extraordinarias capacidades: la de instructor del sistema inmunitario.
Afortunadamente, otra de las funciones de nuestro órgano más polifacético es la de hacer que las células inmunitarias se habitúen a la presencia de algunas sustancias ajenas al cuerpo y que aprendan a no atacarlas sin motivo.
El bioquímico Jörg Heeren y su equipo del Centro de Medicina Experimental de la Clínica Universitaria de Hamburgo-Eppendorf quieren aprovechar este talento para tratar enfermedades. Su idea es hacer que el hígado se convierta en una especie de médico para combatir enfermedades autoinmunes en las que nuestro sistema defensivo ataca los tejidos del organismo como si se tratara de extraños a los que hay que combatir, enfermedades como la soriasis, la artritis reumatoide o la esclerosis múltiple.
Causas: sobrepeso, falta de actividad física, diabetes... En el caso del hígado graso alcohólico, también lo provoca un consumo excesivo de alcohol
Prevención: deporte, dieta equilibrada y no excederse en el consumo de alcohol, una dosis moderada es 0,2 litros diarios como máximo en los hombres y la mitad en mujeres
Tratamiento: bajar de peso de una manera controlada con una dieta equilibrada. Practicar ejercicio. Nada de alcohol ni de tabaco.
Síntomas: cuando es aguda, puede manifestarse por cansancio, fiebre o piel y ojos amarillentos. En los virus de la hepatitis B, C y D pueden no darse síntomas.
Causas: la hepatitis A se produce por alimentos contaminados o contacto con personas infectadas. Las hepatitis B y C se contagian por sangre y otros fluidos corporales como el semen. La D se da en portadores del virus de la hepatitis B.
Prevención: para las hepatitis A y B hay vacuna. Para evitar la B y la C, conviene practicar sexo seguro y emplear agujas y jeringuillas esterilizadas.
Tratamiento: para combatir las hepatitis B y C crónicas hay fármacos. La peor hepatitis vírica es la D: se controla en el 20 por ciento de los casos.
Síntomas: debilidad, cansancio y molestias en las articulaciones.
Causas: las causas son genéticas. La hemocromatosis es hereditaria.
Prevención: no se puede prevenir. Se pueden practicar test genéticos para determinar el riesgo de padecerla.
Tratamiento: para regular el exceso de hierro se practican sangrías.
Síntomas: náuseas, vómitos, cansancio, pérdida de peso, dolores musculares y abdominales, picores...
Causas: sobredosis de sustancias dañinas como medicamentos, setas venenosas o productos químicos.
Prevención : no exceder la dosis de medicamentos. Seguir medidas de seguridad con sustancias químicas.
Tratamiento: ponerse inmediatamente en contacto con el médico.
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